No era un narco cualquiera. Guillermo Cubas Castillo manejó los hilos logísticos de una red de cocaína que convirtió las aguas cristalinas del Caribe hondureño en rutas clandestinas del narcotráfico.
Su especialidad: recibir cargamentos de cocaína desde Colombia y asegurarse de que entraran por Roatán y Gracias a Dios sin dejar rastro.
Hoy, su caída representa un golpe directo a las redes que operan desde el mar.
La cocaína en Roatán
El 3 de marzo de 2025, en la colonia Santa María de Roatán, agentes de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) ejecutaron la Operación Atlántico.
Ocho allanamientos simultáneos permitieron capturar a Cubas Castillo, considerado el principal coordinador logístico de una estructura dedicada al tráfico de cocaína a gran escala.
La Fiscalía Especial Contra el Crimen Organizado (FESCCO) logró una condena de 11 años y tres meses de prisión mediante procedimiento abreviado por tráfico de drogas agravado. Pero el caso es mucho más que una simple condena.
Cómo funcionó la red de tráfico entre Colombia y Honduras
Las investigaciones revelaron que la organización criminal movía grandes cantidades de cocaína por vía marítima desde Colombia hacia Honduras.
Gracias a su ubicación geográfica, los puntos preferidos para desembarcar la droga eran Gracias a Dios e Islas de la Bahía, zonas de difícil acceso y baja vigilancia estatal.
Una vez en territorio hondureño, los cargamentos se almacenaron y reempacaron para enviarlos al norte del país, con rumbo final hacia mercados internacionales, principalmente Estados Unidos.
Privación de bienes de Guillermo Cubas y testaferros en Honduras
Cubas Castillo no operó solo. A su alrededor se tejió una red de bienes, empresas y embarcaciones que dieron soporte al movimiento de droga.
Como parte del proceso judicial, el Ministerio Público logró la privación de dominio de 28 inmuebles, 65 vehículos, cinco sociedades mercantiles y dos embarcaciones ligadas directamente al narco.
Estos activos no solo los usaron para el tráfico, sino también para lavar dinero y mantener la operación a flote sin levantar sospechas.
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Narcotráfico en Honduras: una pieza menos, una estructura en pie
La caída de Cubas Castillo es significativa: desmantela una parte del engranaje narco y envía un mensaje sobre la capacidad de las autoridades de actuar incluso en zonas históricamente abandonadas por el Estado.
Sin embargo, también evidencia cómo la cocaína encuentra rutas, cómplices y protección.
El Ministerio Público insiste en que estas acciones forman parte de una estrategia nacional contra el crimen organizado.
Por eso aseguran que van tras las redes, para no solo encarcelar a los operadores, sino golpear su estructura económica y operativa.
La condena contra Cubas Castillo reafirma que el Caribe hondureño se convirtió en un corredor prioritario del tráfico internacional de cocaína.
Y mientras existan rutas sin vigilancia, embarcaciones disponibles y estructuras logísticas aceitando el negocio, el desafío para las autoridades será persistente.
