Desde el 20 de enero, cuando Donald Trump regresó a la presidencia de Estados Unidos, la política migratoria volvió a endurecerse. En apenas seis meses, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) arrestó a más de 109,000 personas.

De ellas, 12,000 eran hondureños, ubicándolos entre las principales nacionalidades objetivo de la agencia.

Este aumento en las detenciones no es casual. Responde a una estrategia clara: intensificar operativos en estados donde las políticas locales permiten mayor colaboración con las autoridades federales.

Y en esa lista, Texas y Florida se convirtieron en los principales escenarios de las redadas.

Texas y Florida, bajo el radar del ICE

De acuerdo con un informe de CBS News, Texas concentra el 23.2% de todas las detenciones del ICE en este período.

Florida le sigue con un 11.1%. Son los dos estados que lideran las acciones migratorias más agresivas desde el inicio del nuevo mandato.

Ambos comparten una característica clave: políticas estatales que permiten la interacción directa entre policías locales y oficiales migratorios.

En Texas, por ejemplo, las leyes facilitan la detención prolongada de personas sospechosas de estar en situación irregular, aún sin cargos criminales.

En Florida, las autoridades implementaron acuerdos de cooperación con ICE que permiten la transferencia rápida de migrantes detenidos en cárceles locales.

Honduras, entre los más golpeados

Junto a México y Guatemala, Honduras está entre los países más afectados por estas redadas.

Las cifras muestran que alrededor de 12,000 hondureños los arrestaron entre enero y junio. Le sigue Venezuela (8,000 arrestados) y El Salvador (más de 5,000).

Kathleen Bush-Joseph, analista del Migration Policy Institute, explicó que esta tendencia refleja no solo la proximidad geográfica de estos países con Estados Unidos, sino también el volumen migratorio histórico.

“En general, hablamos de países cercanos y con comunidades ya establecidas, lo que los hace más visibles ante las autoridades migratorias”, apuntó.

No son criminales, son trabajadores

Aunque el Departamento de Seguridad Nacional insiste en que el ICE persigue a “los peores de los peores”, los datos dicen otra cosa.

Más de la mitad de las personas deportadas desde enero no tienen condenas penales. Según una investigación de The Washington Post, apenas el 41% de los arrestados bajo el nuevo mandato de Trump tienen antecedentes.

Esto significa que la mayoría de los migrantes hondureños que detuvieron son personas sin historial criminal.

Muchos de ellos con años de residencia, trabajos estables y familias en Estados Unidos. La narrativa oficial, en cambio, busca justificar una política de detención masiva que no discrimina entre perfiles criminales y personas sin antecedentes.

Estados más peligrosos para los migrantes

Tras Texas y Florida, otros estados con altos niveles de detención incluyen California (7.1%), Georgia (4.1%) y Arizona (3.2%).

Aunque en California las políticas locales limitan la cooperación con ICE, el tamaño de su población migrante hace que las cifras sean altas.

Por el contrario, en Vermont, Alaska y Montana, estados con poblaciones migrantes pequeñas y menor colaboración policial, apenas se reportan 100 arrestos combinados.

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El precio del miedo

Para los hondureños en Estados Unidos, la vida cotidiana se volvió una carrera contra el miedo.

Las redadas, muchas veces inesperadas y sin órdenes judiciales, desintegran familias, generan traumas en niños y siembran la desconfianza en comunidades enteras.

Salir a trabajar, acudir al médico o simplemente manejar por la ciudad puede desencadenar una detención.

En estados como Texas y Florida, los riesgos se multiplican, y las comunidades hondureñas se sienten cada vez más acorraladas.

Las cifras son claras: la política migratoria de Trump se reactiva con fuerza, y Honduras está entre los países más castigados.

Bajo el radar del ICE, Texas y Florida son territorios hostiles para miles de migrantes que huyen de la violencia o la pobreza.

No importa si tienen antecedentes o no. Basta con estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado, para que la maquinaria migratoria se active.

Y el miedo se volvió parte del equipaje cotidiano de ser hondureño en Estados Unidos.