Cuando los hermanos Calle Serna comenzaron a desaparecer del tablero del narcotráfico colombiano, Éver Enrique Oñate no se quedó esperando a que fueran por él, alias “Barrabás” tomó otro camino.
Lo señaló la Policía colombiana como uno de los hombres fuertes de Los Comba, la organización que heredó rutas después de la caída de poderosos capos del cartel del norte del Valle.
Su territorio estaba en La Guajira y su conocimiento de las rutas del Caribe lo convertiría en uno de sus mayores activos.
Pero cuando sus antiguos jefes se entregaron a la justicia estadounidense, aquella estructura comenzó a fragmentarse.
Sus operadores tuvieron que escoger entre quedarse, entregarse o buscar otro territorio, “Barrabás” eligió marcharse.
Primero intentó refugiarse en Maracaibo, Venezuela, sin embargo, la caída de narcotraficantes en ese país entre 2010 y 2012 lo empujó hacia otro destino: Honduras.
No llegó únicamente buscando dónde esconderse, según investigaciones de la Policía colombiana conocidas entonces, sus conexiones y experiencia en el manejo de rutas le permitieron construir una nueva red mafiosa. Y en Honduras encontró a otro peso pesado.
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"Barrabas" de Los Comba al "Negro Lobo"
Carlos Arnoldo Lobo, conocido como “El Negro Lobo”, estaba en la cima del narcotráfico hondureño de aquella época y en 2014, fue el primer hondureño extraditado hacia Estados Unidos.
Las autoridades colombianas vincularon a “Barrabás” con la estructura de Lobo. Esa era una conexión que encajó con el perfil del colombiano.
Conocía rutas, tenía contactos en la costa Caribe y venía de una organización que logró hacerse espacio después de violentas disputas entre estructuras narcotraficantes colombianas.
Los tentáculos que desarrolló desde La Guajira, según la investigación, le sirvieron para comenzar nuevamente en Honduras.
Mientras “Barrabás” se movía fuera de Colombia, los investigadores comenzaron a mirar hacia quienes permanecían cerca de él, no necesitaban verlo. Necesitaban seguir a las personas que podían llevarlos hasta él.

La familia comenzó a dejar el rastro
Inteligencia de la Policía colombiana puso atención a los viajes de una de sus exesposas, familiares y personas de confianza.
Los movimientos comenzaron a dibujar una ruta: Venezuela. Panamá. Puerto Rico. Honduras.
En febrero de 2014 apareció una pista mucho más concreta: los investigadores establecieron que una exesposa de Oñate y sus hijas gemelas viajaron meses antes a Tegucigalpa.
Según la información recopilada entonces, ellos pasaron las festividades de fin de año junto a “Barrabás”.
El colombiano ya no era solamente un fugitivo posiblemente escondido en algún punto de Centroamérica, la búsqueda comenzó a estrecharse sobre Honduras.
Pero entre las pistas apareció una especialmente curiosa: una mochila.
El capricho de la mochila wayú
Desde Colombia, integrantes de la red se movieron para enviar hasta San Pedro Sula una mochila wayú que “Barrabás” pidió.
Parecía un detalle insignificante frente a una investigación internacional por narcotráfico, pero no lo era.
La mochila coincidía con otros movimientos que Inteligencia seguía y reforzó la información de que Oñate se encontraba en Honduras.
Luego apareció el dinero y la Policía colombiana obtuvo registros de al menos ocho giros enviados desde La Guajira y Magdalena hacia ciudades hondureñas.
Cada movimiento rondó entre cinco y seis millones de pesos colombianos, la hipótesis de los investigadores era que “Barrabás” todavía mantenía negocios en Colombia y utilizó esos movimientos para realizar parte de sus pagos desde la costa colombiana.
Había otra pregunta por resolver: ¿quién recogía el dinero en Honduras?

Un hombre, una gorra y una camioneta
La coordinación entre autoridades colombianas y hondureñas permitió obtener videos relacionados con la recepción del dinero.
Una figura comenzó a repetirse, era un hombre corpulento, moreno, que utilizaba gorra y se movilizaba en una camioneta último modelo por sectores exclusivos de San Pedro Sula.
Las piezas comenzaron a juntarse y los viajes de la familia llevaron a Honduras. Los giros también llegaron a Honduras.
La mochila tenía como destino San Pedro Sula y ahora existían imágenes de un hombre relacionado con los movimientos de dinero. El círculo alrededor de “Barrabás” comenzaba a cerrarse.
Hasta que llegó la noche del 10 de mayo de 2014.
La medianoche que terminó con la fuga
“Barrabás” estaba en un conocido restaurante del centro comercial en San Pedro Sula, estaba acompañado por una mujer y su escolta cuando las autoridades hondureñas llegaron por él.
Habían pasado aproximadamente cuatro años desde que salió de Colombia. Al momento de su captura, los investigadores señalaron que portaba documentación venezolana que le permitió obtener un pasaporte.
Pero aquel documento también guardó otra sorpresa, los sellos migratorios mostraron que el supuesto fugitivo se había movido bastante.
Las autoridades contabilizaron al menos 20 viajes internacionales: diez a Guatemala, cinco a México, cuatro a Venezuela y uno a Panamá.
La cantidad y los destinos reforzaron las sospechas de que Honduras no era simplemente el escondite de un hombre que trataba de desaparecer. Era su centro de operaciones.

El heredero que buscó otro territorio
Después de su captura, a Éver Enrique Oñate lo deportaron a Colombia. Pero la historia que dejó detrás era más grande que la caída de un fugitivo.
“Barrabás” perteneció al engranaje de Los Comba, conocía las rutas de La Guajira y sobrevivió al derrumbe de la estructura que durante años le había dado poder.
Cuando sus antiguos jefes salieron del negocio, no desapareció y cambió de territorio y fue cuando Honduras apareció como el lugar donde podía reconstruir conexiones alrededor de otro poderoso engranaje del narcotráfico: el encabezado entonces por “El Negro Lobo”.
Paradójicamente, mientras las autoridades perseguían grandes rutas, movimientos internacionales y dinero, fueron las pequeñas huellas las que ayudaron a conducirlas hasta San Pedro Sula.
Una exesposa que viajaba, eran unos giros que cruzaban fronteras, un hombre recogiendo dinero y una camioneta que aparecía una y otra vez.
Y hasta una mochila wayú pedida desde Honduras, eran pistas pequeñas para encontrar a un hombre que reconstruyó lejos de Colombia, el poder que perdió con la caída de Los Comba.
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