En un momento en que el VIH devastaba a las comunidades garífunas de Honduras, Bertha Arzú se alzó como una fuerza transformadora. Con valentía, lideró iniciativas para frenar la epidemia y empoderar a las mujeres.
Arzú no solo enfrentó el virus, sino también el estigma y la desigualdad. Su enfoque holístico combinó educación, derechos humanos y resiliencia comunitaria, marcando un antes y un después en la lucha contra el VIH.
Esta mujer desde pequeña visitó el hospital junto a su madre en Tela, Atlántida y ahí se encendió una chispa en su corazón.
"Cuando tenía 9 años, dije: ‘Voy a ser enfermera, con uniforme blanco", recuerda Bertha con una sonrisa.
Ese sueño no solo transformó su vida, sino también la de miles de mujeres y niñas en su comunidad.
Con los años, Bertha se convirtió en mucho más que una enfermera: se transformó en una defensora incansable de los derechos humanos.
Fundadora de esperanza
En 1996, Bertha fundó el Enlace de Mujeres Negras de Honduras (ENMUNEH), una organización dedicada a promover los derechos de las mujeres negras e indígenas.
En un país donde la pobreza extrema, el racismo sistémico y la falta de acceso a servicios básicos afectan desproporcionadamente a las comunidades garífunas, Bertha decidió tomar acción.
“Antes, no había carreteras, ni médicos, ni centros de salud”, relata Bertha. Esa realidad, marcada por la desigualdad, la impulsó a trabajar en proyectos.
Entre ellos: capacitación de parteras, la creación de conciencia sobre salud sexual y reproductiva y el fortalecimiento de la autoestima de las mujeres.

La lucha contra el VIH
El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) contó su historia en un documental y destaca que a principios del año 2000, el VIH azotó a Honduras con fuerza.
Entre las comunidades más afectadas estaba la garífuna, con una tasa de prevalencia de más del 8%, según ONUSIDA.
“Decían que los garífunas íbamos a desaparecer por el sida”, recuerda Bertha. Pero en lugar de resignarse, lideró iniciativas para fomentar el uso de métodos de protección y para centrar la lucha contra el VIH en los derechos humanos.
Su enfoque no solo salvó vidas, sino que empoderó a las mujeres a romper ciclos de violencia y desigualdad.
El legado de una guerrera
Hoy, gracias al trabajo incansable de Bertha Arzú y ENMUNEH, las tasas de infección en la comunidad garífuna disminuyeron significativamente. Pero su impacto va más allá de los números: es un legado de esperanza y fortaleza.
María Miranda, una de las beneficiarias de ENMUNEH, lo describe mejor: “Cambió mi vida, por la sencilla razón de que llegué a conocer mis derechos, mis deberes y también supe cómo enseñar a otras mujeres”.
Bertha, ahora con 74 años, reflexiona sobre su viaje. “El legado que dejo a mis nietas y a mis hijas es que no se olviden de nuestras comunidades, porque ahora se están perdiendo”, expresó.
La historia de Bertha Arzú es la de una mujer que se atrevió a soñar, a luchar y a liderar.
Es también un ejemplo de que, frente a las adversidades, el cambio es posible si se trabaja con pasión y determinación.
“Todos nos vamos a ir de este mundo. Pero dejemos algo, un recuerdo”, concluye Bertha.
Y ella, sin duda, deja una huella imborrable en su comunidad y en la historia de Honduras.
