No hay pausa, ni hay respiro y, según la Policía, tampoco habrá escape. La búsqueda de Esteban Gumercindo Ferrera Rodas, alias “El Diablo”, dejó de ser un operativo focalizado para convertirse en una cacería extendida.
Los agentes se mueven entre montañas, caminos rurales y municipios donde el Estado intenta cerrar el paso a una estructura que conoce bien el terreno.
Desde Yoro hasta el norte de Francisco Morazán, el cerco ya no es estático, se desplaza, se ajusta, persigue. Y ahora también se observa desde el aire.
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Rastrean al "Diablo" por tierra y aire
Las operaciones no solo avanzan entre veredas y comunidades, también lo hacen desde arriba.
Fuentes de seguridad confirman que helicópteros se incorporaron a la búsqueda para ampliar la cobertura, vigilar rutas de escape y ubicar movimientos en zonas de difícil acceso, donde la geografía es históricamente aliada de estructuras criminales.
Mientras en tierra agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) recorren sectores de Sulaco, Yorito y Victoria, las aeronaves sobrevuelan corredores estratégicos que conectan con Marale, Orica y otras zonas de Francisco Morazán.
El objetivo es claro: reducir el margen de maniobra. “Vamos a llegar hasta esos individuos. No habrá rincón donde esconderse”, advirtió el director de la DPI, Rolando Ponce Canales.
No es una frase másm es la lógica de una operación que se intensifica.
La estructura criminal que se desplaza
Alias “El Diablo” no opera en un solo punto y esa es precisamente la dificultad. Según las investigaciones, la estructura ha logrado consolidarse en zonas rurales con conectividad estratégica.
Se mueven entre departamentos sin exponerse fácilmente a la presión policial. Sulaco, Yorito y Victoria no son lugares elegidos al azar.
Tampoco lo son Marale, Orica o El Porvenir, todos forman parte de un corredor que facilita tránsito, vigilancia y resguardo.
Las autoridades lo consideran altamente peligroso y sobre "El Diablo" pesa una orden de captura y una recompensa de 300 mil lempiras.
Otro actor en disputa: la sombra de “Los Mojados”
Mientras el cerco se cierra sobre una estructura, otra se mueve en paralelo: “Los Mojados”.
De acuerdo con las autoridades, este grupo estaría integrado por hondureños que migraron a México y que, tras entrar en contacto con organizaciones criminales en ese país, regresaron con métodos más sofisticados.
Hoy disputan territorio, no como presencia aislada, sino como una estructura que compite, que replica y que también busca controlar rutas. El conflicto ya no es silencioso.

Golpes a la red: capturas que revelan la logística
En medio de la ofensiva, las autoridades reportan avances, por ejemplo, la captura de Modesto Murillo Gutiérrez, señalado como encargado logístico del grupo, dejó al descubierto una pieza clave dentro del engranaje criminal.
No era un operador cualquiera, su rol estaba vinculado al manejo de armamento, un elemento que evidencia la capacidad operativa de la estructura.
Su detención se produjo cuando intentó evadir un cerco policial, lo que confirma que la presión afecta los movimientos internos del grupo.
Aun así, la Policía insiste en que esto es solo una parte del objetivo.

El cerco se mueve, la espera continúa
Las autoridades aseguran que no van a detenerse y que el despliegue continuará hasta ubicar a “El Diablo” y desarticular la estructura que dirige.
Pero mientras helicópteros sobrevuelan y los agentes avanzan entre la maleza, el resultado aún no está escrito.
El cerco se mueve, la presión aumenta y en medio de esa persecución, miles de personas en Yoro y zonas cercanas esperan algo que no depende de operativos ni recompensas:
volver a vivir sin sentir que alguien, en cualquier momento, puede aparecer desde la sombra.
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