En la colonia Suyapa, en el sector de Quebrada Seca, en Choloma, el miedo dejó de ser una sensación pasajera para convertirse en parte del paisaje. No hacía falta ver el arma: bastaba el rumor, bastaba oir su nombre: "El Peligroso".
Ese alias no era gratuito, su presencia —o incluso la sospecha de que estaba cerca— bastaba para silenciar calles, cerrar puertas y apagar conversaciones. El mensaje era claro: aquí se hace lo que él dice.
Durante meses, ese dominio se sostuvo con una mezcla de intimidación directa y violencia latente. No era solo un hombre armado: era una estructura operando detrás de él.
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"Peligroso" y ocho años para escalar al control
Nahún Obed Urbina Pineda no era un novato. llevaba ocho años dentro de la Mara Salvatrucha MS-13, un tiempo que le bastó para escalar posiciones hasta convertirse en un cabecilla de peso.
Pero su historia no se limitaba a Choloma. Según un informe de la Policía Nacional, lo deportaron de Estados Unidos en marzo de 2024.
Y lejos de desaparecer, regresó con algo más peligroso y con mayores conexiones. "Investigaciones lo ubican como un articulador de operaciones transnacionales, un puente entre células en el extranjero y estructuras locales", dice un agente.
Desde Honduras, no solo intimidaba comunidades: coordinaba, ordenaba y distribuía, el narcotráfico era su eje y la violencia, su herramienta.
El engranaje: gatilleros y droga
"El Peligroso" no operaba solo. A su lado estaba Anthony Gabriel Flores Ramírez, alias “Bad Bunny”, con 15 años dentro de la organización.
Su rol no era menor: dirigía a los gatilleros y manejaba la venta de droga. Esa era la otra pieza del engranaje, el que ejecuta mientras otro ordena.
Juntos sostenían una estructura que combinaba control territorial, distribución de narcóticos y capacidad de respuesta violenta. No era improvisación, era organización.

El día que se rompió el control
El operativo llegó sin aviso cuando agentes de la Dipampco irrumpieron en la zona con una acción que buscó más que capturas: desarticular el mando y lo lograron.
En la escena encontraron lo que ya era parte del relato de terror de la comunidad: un fusil AK-47, munición de uso prohibido, droga (cocaína, marihuana y crack) y teléfonos celulares que ahora serán clave para entender el alcance de la red.
La captura no es solo un número más en estadísticas policiales, aseguran que con la caída de “Peligroso” se desarma una pieza que conectaba lo local con lo internacional, lo visible con lo invisible.
Ese es un eslabón que permitía que órdenes cruzaran fronteras y se ejecutaran en calles donde la gente solo quería vivir en paz.
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