No era un robo al azar., las autoridades dicen que era una maquinaria silenciosa. La Dirección Policial de Investigaciones (DPI) capturó en el bulevar Suyapa, en Tegucigalpa, a un colombiano de 40 años, señalado como parte de una red criminal transnacional que convirtió los cajeros automáticos en puntos de extracción ilegal de dinero.
Según las investigaciones, el esquema comenzó con la instalación de dispositivos electrónicos en cajeros.
Eran aparatos casi imperceptibles que capturaban la información confidencial de las tarjetas mientras los usuarios realizaban retiros cotidianos, sin sospechar que estaban siendo despojados.
Esa data era oro. Con ella, la organización clonó tarjetas y ejecutó transacciones fraudulentas, drenando cuentas sin dejar rastro inmediato.
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El colombiano, las diez víctimas y una ruta irregular
El impacto ya se siente. Al menos diez personas han sido identificadas como afectadas en Honduras, con pérdidas que superan los 900 mil lempiras.
Esa es una cifra que evidencia que no se trata de hechos aislados, sino de una operación estructurada.
El detenido no llevaba mucho tiempo en el país. de acuerdo con el informe investigativo, ingresó de forma irregular el pasado 13 de marzo por el punto fronterizo de Corinto, procedente de Guatemala.
Su presencia, sin embargo, no era improvisada. Formaba parte de una red integrada por ciudadanos colombianos dedicados a delitos financieros en distintos países.
Esa red replicó un mismo patrón: infiltrarse, recolectar datos y desaparecer con el dinero.
Lo que llevaba y lo que enfrenta
Al momento de su captura, las autoridades le decomisaron efectivo en distintas monedas: lempiras, euros, quetzales y pesos colombianos.
Además de un teléfono celular, tarjetas bancarias y otros indicios que refuerzan su presunta participación en la red.
Ahora enfrentará cargos por falsificación de tarjetas bancarias y cheques de viaje, delitos que golpean directamente la fe pública y la seguridad financiera del país.

Un delito que se infiltra sin ruido
Este tipo de estructuras no necesita armas ni violencia visible. Opera en silencio, en la rutina diaria de miles de usuarios que confían en un cajero automático.
Y mientras las autoridades logran capturas como esta, la pregunta sigue abierta: ¿cuántos más ya pasaron, operaron y se fueron sin ser detectados?
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