La ruta hacia México estaba trazada y el tiempo corría a su favor, en cuestión de horas, José Ignacio Bonilla García, hondureño, podía desaparecer del radar de las autoridades estadounidenses.

Pero no lo logró, antes de que concretara la fuga, agentes federales ya lo tenían ubicado y listo para detenerlo.

Su caída no fue fortuita, fue el cierre de un operativo acelerado que se activó cuando las agencias detectaron que el sospechoso estaba a punto de abandonar el país.

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El hondureño y el rastro de un crimen que encendió las alarmas

Bonilla García, hondureño de 32 años, lo arrestaron en el condado de Fort Bend, Texas, luego de que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas emitiera una orden de detención en su contra.

Su nombre se vincula a una orden judicial en Suffolk, Nueva York, donde lo señalaron por un ataque de extrema violencia.

Según las autoridades, habría golpeado a un hombre hasta dejarlo inconsciente y luego abusó de él en un área cercana a un contenedor de basura.

La brutalidad del caso lo convirtió en prioridad para las agencias federales, que activaron un rastreo inmediato.

hondureño y la cronología

Operativo contrarreloj: la captura antes de la fuga

La detención la ejecutó el Grupo de Trabajo de Fugitivos Infractores Violentos de la Costa del Golfo, una unidad multiagencial integrada por personal del ICE y los U.S. Marshals.

El margen de acción era mínimo, de acuerdo con Gabriel Martínez, director interino de la oficina de campo de ERO Houston, el sospechoso estaba a punto de cruzar la frontera hacia México.

Martínez calificó el hecho como uno de los más atroces que enfrenta en su carrera y destacó que la rapidez y coordinación entre agencias fue determinante. "Sin esa intervención, el resultado habría sido otro", dijo.

foto del fichaje ante las autoridades
El hondureño enfrenta cargos por violación en primer grado y agresión agravada. El tribunal de Nueva York ordenó su detención sin derecho a fianza. Foto: Suffolk County.

Un historial que no logró borrarse

El pasado migratorio del hondureño también pesó en su contra. Registros oficiales indican que había ingresado ilegalmente a Estados Unidos al menos cuatro veces.

Tres de esos ingresos terminaron en expulsiones durante 2020, bajo el Título 42. Sin embargo, logró regresar una cuarta vez por un punto no identificado, permaneciendo en territorio estadounidense hasta su captura.

Ese patrón de entradas y retornos irregulares terminó abruptamente en Texas, donde fue interceptado antes de concretar una nueva huida.

La huida terminó donde comenzó la persecución: bajo la presión de un operativo que no le dejó margen.

Para las autoridades, el caso evidencia cómo la coordinación puede cerrar el paso a fugitivos en el último instante.

Para la justicia, abre ahora un proceso que deberá responder por uno de los hechos más violentos descritos en su expediente.

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