"Yo soy madre y como madre jamás me esperé ver que me entregaran a mi hijo de esta manera", dijo entre lágrimas Maradiaga, al recibir el cuerpo de su hijo en el aeropuerto internacional de La Lima, en Cortés (norte).

Ángel Eduardo Maradiaga, según su familia, era epiléptico y había cruzado la frontera sin la compañía de un familiar, murió el 10 de mayo en un hospital, después de haber sido hallado inconsciente en el centro para migrantes menores no acompañados situado en Safety Harbor, en Florida.

"Él tenía un sueño, su sueño era salir adelante. En principal llevaba en mente su carrera de fútbol, trabajar para hacer alguien mejor decía él", lamentó Norma Saraí.

El adolescente había llegado a Safety Harbor el viernes 5 de mayo, solamente dos días después de haber cruzado la frontera entre Estados Unidos y México y pasado a estar bajo control de las autoridades.

Su madre aseguró que su hijo sufría epilepsia, pero que "estaba sano, estaba bien".

"No sé si es que han abandonado el caso o es que no le ponen interés, pero necesitamos una respuesta positiva, para nosotros saber cuál fue la causa de la muerte del cipote", dijo Felipe Zúñiga, padre de Ángel.

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Personal médico no revisó su expediente

Familiares de Ángel Eduardo Maradiaga habían advertido a los Servicios Comunitarios y Familiares Judíos de la Costa del Golfo (JFCS) sobre la epilepsia del adolescente y su susceptibilidad a las convulsiones.

Los agentes descubrieron que JFCS había cargado los registros médicos de Ángel en su sistema, pero el personal del centro nunca los revisó, lo que significa que no estaban al tanto de su epilepsia o posibles convulsiones.

Según la madre del adolescente, su hijo había salido de su casa con un suministro de su medicamento para tres meses y lo tenía cuando llegó a la frontera entre Estados Unidos y México el 3 de mayo.

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