Alma y Silvia son dos mujeres hondureñas que, tras perder sus hogares y medios de vida por el impacto de los huracanes Eta e Iota a finales de 2020, emprendieron un arduo camino hacia México.

Ellas, como miles de personas en Centroamérica, vivieron en carne propia los efectos devastadores de estos fenómenos naturales, pero su migración responde a una combinación de factores más complejos: la violencia, la desigualdad y, aunque no lo reconocen, el cambio climático.

En medio de su desplazamiento, no identificaron el cambio climático como la causa principal.

En su lugar, señalan la violencia como el motivo más apremiante para huir. Sin embargo, el verdadero origen de su migración la empujó la destrucción que los huracanes dejaron a su paso, llevándose no solo sus hogares, sino también sus fuentes de ingresos.

Cambio climático, detonante de la migración

Desde el Instituto para las Mujeres en la Migración, AC (Imumi), se planteó la urgente necesidad de abordar el cambio climático como un detonante clave en la migración.

A pesar de la creciente evidencia que vincula los desastres naturales con el desplazamiento forzado, las leyes migratorias actuales, tanto en México como en otros países de la región, no contemplan esta causal explícitamente.

Para Alma y Silvia, el desarraigo provocado por los huracanes no fue suficiente para obtener la protección necesaria.

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El cambio climático deja devastadas comunidades enteras y las mujere son las más afectadas. Foto: EFE.

Género y desplazamiento climático

El documento titulado Desplazamiento por razones climáticas: una aproximación desde los derechos de las mujeres, publicado recientemente, subraya la interconexión entre género y desplazamiento climático.

Las mujeres, debido a los roles de género y al acceso desigual a los recursos, son más vulnerables durante desastres naturales, lo que las empuja a migrar para sobrevivir.

Sin embargo, la falta de reconocimiento oficial de esta realidad limita las opciones de protección para ellas y sus familias.

En el primer semestre de 2024, 18,439 mujeres solicitaron asilo en México, representando el 45 % del total de solicitantes, pero no existe un registro que indique si alguna de estas mujeres migró debido a los efectos del cambio climático.

La falta de datos y el desconocimiento institucional agravan una situación en la que los desastres naturales y la violencia actúan como factores combinados que obligan a muchas mujeres a abandonar su país.

Las historias de Alma y Silvia

Las historias de Alma y Silvia reflejan un fenómeno cada vez más común, en el que la migración forzada por razones climáticas aún no es reconocida de manera formal, ni abordada por las políticas públicas de los países involucrados.

Este vacío legal y la falta de un enfoque integral por parte de los gobiernos perpetúan la vulnerabilidad de miles de mujeres que huyen no solo de la violencia, sino también de la devastación ambiental que amenaza sus vidas y su futuro.