Honduras puede colocar mujeres en las papeletas, cumplir porcentajes y exhibir reglas destinadas a ampliar su participación. Pero cuando termina la elección y se cuentan las curules, muchas se quedan en el camino.
El dato desnuda esa distancia: 38 de los 128 diputados electos en noviembre de 2025 son mujeres, apenas el 29.7 % del Congreso Nacional. Los otros 90 escaños están ocupados por hombres.
La cifra cobra otra dimensión frente al marco hondureño que el nuevo informe Democracia, desarrollo e igualdad en América Latina y el Caribe, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), coloca bajo la lupa.
En su comparación regional, el documento registra a Honduras con una cuota del 40 %, pero con una representación femenina parlamentaria de solo 29.7 %.
Ahí aparece el agujero: una cosa es garantizar presencia femenina entre quienes compiten y otra conseguir que esa participación termine convertida en poder político.
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Mujeres, del porcentaje a la curul
La historia de las cuotas en Honduras tampoco comenzó ayer. Una reforma electoral de 2012 elevó al 40 % el mínimo de participación femenina en las nóminas para cargos de elección popular y órganos de dirección partidaria.
Sin embargo, el nuevo informe del PNUD pone sobre la mesa una advertencia que ayuda a entender por qué establecer porcentajes no necesariamente produce el mismo porcentaje de mujeres electas.
El diseño del sistema electoral importa, el documento explica que los partidos pueden cumplir una cuota y, aun así, concentrar candidaturas femeninas en lugares con menores posibilidades de resultar electas.
Por eso señala como factores relevantes las reglas de ubicación, las sanciones por incumplimiento y las características del sistema electoral.
Dicho de otra manera: estar en la competencia no garantiza competir en las mismas condiciones.

38 frente a 90 hombres
Los resultados de las elecciones generales de noviembre de 2025 permiten medir el desenlace.
De los 128 integrantes del Congreso Nacional, 90 son hombres y 38 mujeres. La representación femenina quedó así en 29.7 %.
Eso representa una mejora frente al Congreso surgido de las elecciones de 2021, cuando fueron electas 35 mujeres, equivalentes al 27.3 %. En 2017 fueron 27, un 21.1 %.
El avance, por tanto, existe, lo que permanece es la distancia respecto de una representación equilibrada.
El informe del PNUD señala que América Latina y el Caribe dieron un salto importante.
En 1990 las mujeres ocuparon apenas el 11 % de los escaños legislativos de la región; para 2026 la proporción subió hasta 36.4 %.
Honduras, con su 29.7 %, se encuentra por debajo de ese porcentaje regional.
Tener una ley tampoco resuelve todo
El problema que señala el PNUD va más allá de sumar mujeres. El documento sostiene que América Latina y el Caribe avanzaron considerablemente en normas destinadas a ampliar su representación.
Pero el acceso formal a los espacios de decisión no garantiza automáticamente el ejercicio pleno del poder.
Las barreras pueden continuar incluso después de ganar una elección y según el informe, persisten prácticas como asignar a las mujeres funciones secundarias.
Las concentran en ámbitos tradicionalmente considerados femeninos o limitan su influencia sobre agendas como economía y seguridad.
Ese patrón también aparece en los gabinetes de la región. Las mujeres se concentran principalmente en áreas sociales, igualdad, familia y niñez.
Mientras economía, finanzas, defensa y justicia continúan mayoritariamente encabezadas por hombres.
Así, la brecha tiene dos niveles: primero conseguir la curul y después acceder a los espacios donde se toman algunas de las decisiones de mayor peso.

Cuando entrar también tiene un costo
Hay otro obstáculo que el estudio coloca sobre la mesa: la violencia política contra las mujeres.
El PNUD advierte que las agresiones, tanto físicas como digitales, se recrudecieron en un contexto regional de polarización.
Y señalan que pueden funcionar como un mecanismo para desalentar la participación y el liderazgo femenino.
A ello suma debilidades institucionales y reacciones adversas frente a los avances en igualdad, tres factores que, según el análisis, pueden reforzarse entre sí.
Por eso, la discusión sobre mujeres en política ya no cuenta cuántas fueron inscritas como candidatas.
También obliga a observar dónde las colocaron, con qué recursos compitieron, cuántas consiguieron ganar y cuánto poder pueden ejercer una vez electas.
Una brecha que todavía cabe en 90 curules
Honduras recorre un largo camino y los registros históricos de la Unión Interparlamentaria muestran que en 2001 apenas 7 mujeres ocuparon escaños en el Congreso.
Después fueron 30 en 2005, 33 en 2013, 27 en 2017, 35 en 2021 y ahora son 38.
Pero la fotografía actual es contundente: por cada 38 mujeres sentadas en el Congreso hay 90 hombres.
La cuota abrió una puerta que durante décadas estuvo prácticamente cerrada. El nuevo informe del PNUD apunta al problema que viene después.
Las normas pueden aumentar la presencia de candidatas, pero necesitan mecanismos efectivos para que esa participación tenga posibilidades reales de convertirse en representación y ejercicio del poder.
En Honduras, el 40 % escrito en la regla y el 29.7 % que finalmente ocupa una curul dejan esa distancia a la vista.
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