El Congreso Nacional sigue sin sesionar, y según el diputado del Partido Salvador de Honduras (PSH), Carlos Umaña, es para evitar enfrentar el escándalo de las subvenciones ilegales.
Las luces del hemiciclo siguen apagadas esta semana, pero el ambiente en los pasillos del Congreso Nacional está lejos de ser silencioso.
La razón oficial de la inactividad: los daños en el sistema de votación y las curules rotas tras el zafarrancho de la semana pasada.
El incidente se produjo durante la comparecencia de los miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE) en medio de gritos, empujones y crisis política.
“Una inmensa ola se llevará de encuentro a la mayoría de los diputados”, advierte Umaña, al referirse a la creciente indignación por el uso indebido de subvenciones.
Subvenciones de diputados
Para Umaña, la raíz del problema es clara. Señala que el decreto 116-2019, que permitía auditar el uso del llamado Fondo Departamental, fue eliminado.
Por lo tanto, no existe mecanismo legal para sustentar ni liquidar las subvenciones que la mayoría de los diputados recibieron.
“Sabían que era ilegal, y aún así los tomaron. Eso los pone en la mira de la ciudadanía y la justicia”, subraya Umaña.
Las calles comienzan a mostrar señales de descontento. Grupos ciudadanos exigen explicaciones por lo que consideran una piñata disfrazada de ayuda legislativa.
Umaña lo resume sin rodeos: “La población protesta porque siente que les robaron en su cara”.
Un pacto de silencio que huele a impunidad
Más allá de la falta de transparencia en las subvenciones, Umaña apunta a una estrategia más amplia: el Congreso estaría operando bajo un pacto de impunidad.
“El Fiscal General y la Corte Suprema fueron electos con acuerdos políticos. No dudo que también se pongan de acuerdo en este manto que hoy protege a los implicados en las subvenciones”, denunció.
Y agrega que no es casualidad que temas como la instalación de la Comisión Internacional contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (CICIH), la Ley de Colaboración Eficaz y la reforma al Código Penal sigan estancados.
“Todo esto se frena porque el primero que debería investigarse es el Congreso actual”, sentencia.
CNE, el nuevo chivo expiatorio
Para el parlamentario, el caos que se protagonizó durante la comparecencia del CNE no fue solo un zafarrancho más, sino parte de una maniobra para desviar la atención pública.
“Nos quieren cargar la crisis del Consejo Nacional Electoral, cuando lo que realmente se tapa es el escándalo de las subvenciones”, advirtió Umaña.
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El Congreso frente a su propia ola
Mientras el Congreso guarda silencio, los cuestionamientos no cesan. Carlos Umaña asegura que la falta de respuestas y de acción legislativa no hará que el problema desaparezca.
Al contrario, la presión ciudadana crece al ritmo de una ola que, según él, está a punto de desbordarse.
“Esto no es una tormenta pasajera. Es un tsunami que viene directo hacia nosotros. Y si no actuamos con transparencia, no habrá curul que aguante su impacto”, finalizó.
Lo que el Congreso intenta evitar, según Umaña, no es solo una sesión, sino un ajuste de cuentas con la ciudadanía.
El silencio podrá durar unos días, pero la verdad detrás del uso ilegal de las subvenciones amenaza con hacerse oír más fuerte que cualquier grito en el hemiciclo.
