Primero fueron las armas abandonadas después de un enfrentamiento, después comenzaron a caer operadores, colaboradores, familiares y hombres señalados como piezas importantes del Cártel del Diablo.
Quince meses después de aquel primer golpe, la batalla para desmontar al Cártel del Diablo continúa en las montañas de Yoro.
Al menos 19 presuntos integrantes llegaron a permanecer en prisión preventiva, según un balance que se conoció en julio.
Pero las dos piezas que las investigaciones colocan en la parte más alta de la organización seguían prófugas: Yonatan Levi Estrada Villanueva, alias “JT”, y Esteban Gumercindo Ferrera Rodas, alias “El Diablo”.
El segundo es el rostro de la organización y en uno de los hombres más buscados por la Policía.
Por información que permita localizarlo, las autoridades elevaron a 500,000 lempiras la recompensa.
Pero detrás de esa búsqueda hay una historia más larga: la ofensiva contra la estructura puede rastrearse, al menos públicamente, hasta junio de 2025.
Desde entonces, Yoro se convirtió en el principal escenario de una persecución que ha cruzado montañas, aldeas y límites departamentales.
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El primer golpe contra el Cártel del Diablo ocurrió en Sulaco
El 1 de junio de 2025, agentes policiales llegaron a la aldea El Desmonte, en Sulaco, para atender una denuncia. En ese momento los atacaron hombres armados.
Tras el enfrentamiento, los sospechosos escaparon y las autoridades aseguraron armas y un vehículo.
La Policía identificó a los atacantes como miembros del Cártel del Diablo y anunció que desarticular la estructura era una prioridad.
Ese episodio marca uno de los primeros registros oficiales de la persecución abierta contra el grupo.
Cuatro meses después, el cerco salió de Yoro y el 8 de octubre de 2025, fuerzas especiales y agentes antipandillas llegaron hasta una zona montañosa de Guatemalita, Orica, Francisco Morazán.
Dos presuntos integrantes fueron capturados, la Policía los relacionó al grupo con secuestros, tráfico de drogas y comercio ilegal de armas, y ubicaba su actividad en sectores de Yoro, Olancho y Francisco Morazán.
La cacería apenas comenzaba.
Las capturas comenzaron a multiplicarse
Durante los primeros meses de 2026, los operativos regresaron con fuerza a Yoro.
El 17 de marzo, por ejemplo, un hombre señalado como integrante de la estructura lo detuvieron durante un allanamiento de viviendas en El Carrizal, Sulaco.
Dentro del inmueble, los investigadores encontraron ropa tipo militar, botas, teléfonos celulares y camisas con leyendas alusivas al Cártel del Diablo.
Pero fue entre finales de abril y mayo cuando la presión policial aumentó y equipos especializados entraron en zonas rurales y montañosas de Yoro y Francisco Morazán buscando cortar los brazos que sostenían a la organización.
Las capturas comenzaron a tocar diferentes niveles de la estructura: presuntos ejecutores, colaboradores, distribuidores de drogas.
Además de encargados de logística y familiares de quienes las autoridades identificaron como cabecillas.
El 7 de mayo detuvieron a Selvin Nani Zerón Murillo, alias “Serrucho”, y Jarol Alexander Hernández, alias “El Descuartizador”, durante una operación en una zona montañosa de Marale, Francisco Morazán.
Ocho días después, la Dirección Policial de Investigación (DPI) capturó en El Desmonte, Sulaco, a dos mujeres señaladas como colaboradoras activas.
Una de ellas la identificó la Policía como hermana de uno de los líderes de la organización. El círculo comenzó a tocar a la familia.

Cayeron 19, pero no los dos hombres de arriba
Para el 5 de julio de 2026, una fuente vinculada directamente con la investigación de la DPI y la Unidad Nacional Antisecuestros aseguró que 19 miembros del Cártel del Diablo permanecían en prisión.
La investigación policial consideró entonces a la organización “operativamente debilitada”.
Sin embargo, el golpe tenía un enorme pendiente, los investigadores continuaron en la búsqueda de Yonatan Levi Estrada Villanueva, alias “JT”, y Esteban Gumercindo Ferrera Rodas, alias “El Diablo”.
Durante meses, Ferrera concentró la atención pública por sus apariciones en videos y por el nombre que identificó a toda la estructura.
Pero la investigación policial modificó esa primera imagen y el director de la DPI, Rolando Ponce, confirmó en mayo que Ferrera sería el jefe operativo y segundo al mando.
También informaron que Estrada Villanueva sería el principal cabecilla de la organización.
Eso dejó a la Policía frente a dos objetivos distintos: el hombre que las investigaciones colocan en la cúspide y el rostro más conocido del cártel.

“El Diablo”, el trofeo que todavía buscan
Ferrera se convirtió en el objetivo más visible de la operación y la Policía aumentó hasta L500,000 la recompensa por información que permita capturarlo y ubicó su posible zona de desplazamiento entre las montañas de Sulaco, Yoro, y El Porvenir, Francisco Morazán.
El terreno juega a favor de los fugitivos y las comunidades dispersas, montañas y caminos de difícil acceso complican los movimientos policiales.
En septiembre, el ministro de Seguridad, Gerson Velásquez, volvió a reconocer esa dificultad al explicar por qué Ferrera seguía sin ser capturado y anunció operaciones con apoyo de las Fuerzas Armadas.
El 2 de septiembre se detuvo en El Mogote, Sulaco, a Patricio Ferrera Rodas, hermano de Esteban Ferrera, en posesión de envoltorios de supuesta cocaína, según el reporte de la DPI citado por medios nacionales.
La persecución había pasado de los operadores a familiares y presuntos colaboradores cercanos, pero Ferrera seguía fuera del alcance policial.

Yoro, epicentro de la batalla
Aunque las investigaciones llevaron operaciones hacia Francisco Morazán y otros departamentos, Yoro aparece una y otra vez en el expediente del Cártel del Diablo.
Sulaco está en el centro y allí ocurrió el enfrentamiento de junio de 2025, por eso los allanamientos y capturas.
Yoro concentra parte de la búsqueda de Ferrera y es el punto donde se concentra la violencia.
Una pareja fue asesinada en Sulaco y sobre los cuerpos apareció una manta alusiva al Cártel del Diablo.
Dos días después, cinco personas fueron asesinadas en otro hecho violento cuya posible relación con la estructura comenzó a ser investigada por las autoridades.
Esos hechos mostraron el problema que enfrentan las autoridades: golpear una estructura no significa necesariamente desmontarla.
Una cacería que no termina
Han pasado 15 meses desde aquel enfrentamiento de junio de 2025 en El Desmonte.
En ese tiempo, la Policía pasó de decomisar armas a desplegar operaciones para localizar a quienes identifica como cabecillas.
Buscan capturar presuntos operadores y reducir la red que les permitiría desplazarse y esconderse.
Diecinueve llegaron a estar tras las rejas bajo el balance conocido en julio, pero el corazón de la cacería permanece en las montañas.
Mientras Yonatan Estrada y Esteban Ferrera continúen prófugos y nuevos hechos violentos obliguen a regresar una y otra vez a Sulaco, la batalla para desmontar al Cártel del Diablo seguirá teniendo a Yoro como su principal escenario.
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