Durante generaciones, el mar fue el principal aliado de Cedeño. De sus aguas dependían los pescadores, los pequeños negocios de playa y cientos de familias que encontraron en la costa del Golfo de Fonseca una forma de vida.

Hoy, ese mismo mar es una amenaza que avanza sin pausa, destruye viviendas y obliga a muchos habitantes a tomar una decisión que jamás imaginaron: abandonar el lugar donde nacieron.

Lo que ocurre en esta comunidad del sur de Honduras no se explica únicamente como el efecto de una tormenta o una marejada excepcional.

Para quienes viven allí, la emergencia se volvió permanente. Cada año la costa retrocede un poco más.

Los pobladores ven como el agua gana terreno y cómo desaparecen espacios que durante décadas formaron parte de su cotidianidad.

La magnitud de esta crisis quedó documentada en el informe “Cedeño: Perderlo todo, casa e hijos”, presentado por la organización Amnistía Internacional.

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Cedeño y la costa que desaparece poco a poco

La transformación de Cedeño ha sido gradual, pero constante. Estudios recientes señalan que la línea costera retrocedió alrededor de 135 metros entre 2004 y 2026.

Esa es una pérdida que se traduce en playas reducidas, estructuras dañadas y viviendas cada vez más expuestas al impacto de las marejadas.

Los vecinos aseguran que ya no reconocen algunos sectores de la comunidad. Lugares que antes servían para el descanso, la pesca o el comercio ahora son parte del mar.

La erosión costera también golpea restaurantes, pequeños negocios y casas construidas a pocos metros de la playa.

En algunos casos, las familias tuvieron que reconstruir sus viviendas más de una vez, utilizando recursos propios y acumulando deudas para volver a empezar.

Cedeño
Cedeño, un pueblo pesquero de Honduras, es el reflejo de la crisis climática que afecta a las comunidades costeras del mundo. Foto: (EFE).

Cuando perder una casa significa perder una familia

Sin embargo, el impacto más profundo no siempre es visible en el paisaje, hay historias de separación familiar.

Muchas personas jóvenes optaron por migrar ante la falta de oportunidades y la incertidumbre que genera vivir en una comunidad donde cada temporada de lluvias representa una nueva amenaza.

Sonia, habitante de Cedeño, lo resume con una frase que refleja el drama que viven numerosos hogares.

“Tengo dos hijas en Estados Unidos, sin papeles. Ellas me mandan para sobrevivir. Vivíamos felices antes de la pérdida de mi casa y mi negocio por la marejada. Si eso no hubiera pasado, no se hubieran ido”.

Vivir con agua salada y menos oportunidades

Las dificultades no terminan cuando baja la marea, hay muchas familias que enfrentan problemas para acceder a agua apta para consumo humano.

Esto por la salinización de los pozos y fuentes cercanas. Otras deben destinar parte de sus ingresos a comprar agua potable o reparar daños ocasionados por el oleaje.

La pesca artesanal, principal actividad económica de la zona, también atraviesa momentos complicados.

Los pescadores reportan jornadas perdidas por las condiciones del mar y una disminución en las capturas, lo que afecta los ingresos de cientos de hogares.

El mar
A la aldea Cedeño en Honduras se la está comiendo el mar. La agricultura extensiva, la tala irracional de los bosques de manglar y las granjas de camarón, junto al cambio climático, están provocando la migración masiva. Foto: CESPAD.

Un pueblo que pide algo más que ayuda de emergencia

Las familias de Cedeño no solo enfrentan la fuerza del mar, también conviven con la incertidumbre de no saber qué ocurrirá en los próximos años.

Ante el avance constante de las marejadas, habitantes organizados de la buscan soluciones que permitan proteger a quienes viven en las zonas más vulnerables.

Piden se planifique una eventual reubicación para las familias que ya no pueden permanecer donde están.

Según estimaciones comunitarias, cerca de mil personas podrían necesitar trasladarse a lugares más seguros para evitar que futuras emergencias agraven aún más la situación.

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