Las montañas de Celaque no olvidan y aunque el tiempo pasó, aunque las lluvias borraron huellas y aunque cientos de rescatistas caminaron durante semanas entre lodo, niebla y precipicios, el misterio sigue intacto. Allí, en el corazón del occidente de Honduras, desaparecieron dos personas en distintos años y bajo circunstancias diferentes, pero unidas por el mismo destino incierto: jamás regresaron.
Transcurren diez años desde que la bióloga hondureña Isis Melissa Medina Flores se esfumó en la montaña y más de dos décadas desde que el ciudadano holandés Marcell Van Hoeven desapareció entre los senderos del parque nacional más alto del país.
Ni los operativos masivos, ni los expertos en rescate, ni los perros entrenados, ni las teorías policiales lograron encontrar un solo rastro concluyente.
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Celaque, la montaña donde dos personas se esfumaron
El Parque Nacional Montaña de Celaque alberga el punto más alto de Honduras: el Cerro Las Minas, ubicado a 2,849 metros sobre el nivel del mar.
El parque posee más de 26 mil hectáreas de bosque nuboso, senderos densos y pendientes capaces de desorientar incluso a excursionistas con experiencia.
Don Miguel López, exguía de montaña todavía recuerda ambos casos como si hubieran ocurrido ayer.
“El día en que Marcell se perdió supimos que algo pasó porque encargó la comida en nuestra casa, pero nunca regresó”, relató.
Según la información disponible, el holandés ingresó acompañado por otras dos personas, pero solo ellas regresaron. Desde entonces, el caso quedó suspendido entre rumores, hipótesis y silencios.

El ascenso que terminó en tragedia
Once años después, otra desaparición volvió a estremecer Celaque. La mañana del sábado 5 de noviembre de 2016, Isis Melissa Medina Flores inició el ascenso junto a César Cerrato y las hermanas gemelas Isis y Sharon Jiménez.
Su meta era hacer “ataque”, una modalidad extrema de montañismo que consiste en subir y bajar la montaña el mismo día.
Pero comenzaron tarde y mientras los ascensos regulares arrancan antes de las 5:30 de la mañana, el grupo empezó a subir hasta las 7:00 a.m.
El sendero inicial está compuesto por inclinaciones pedregosas y un ascenso abrupto de más de 1,500 metros en menos de tres kilómetros.
Más arriba aparece el bosque nuboso: una zona húmeda, cubierta de lodo y vegetación tan cerrada que perder la orientación puede ocurrir en segundos.
Melissa hizo cumbre a la 1:30 de la tarde. Sus compañeros llegaron después y se tomaron la tradicional fotografía en el punto más alto de Honduras.
Luego comenzaron el descenso separados por intervalos de quince minutos y ella encabezó la bajada, pero nunca volvió.

“Fue como si la montaña se la hubiera tragado”
Cuando los demás excursionistas lograron regresar al centro de visitantes cerca de las 11:00 de la noche, asumieron que Melissa descendió antes que ellos.
Pero al amanecer del domingo comprendieron que algo estaba mal y la alerta movilizó a bomberos, policías, militares, rescatistas y expertos internacionales.
Más de 200 personas participaron en la operación, entre ellos, la Fuerza Aérea Hondureña que realizó sobrevuelos.
Equipos terrestres recorrieron senderos, quebradas y desvíos. Había perros especializados para rastrear zonas de difícil acceso.
Los montañistas de la Federación y especialistas costarricenses también se integraron a la búsqueda.
“Dormíamos en medio de la montaña y nunca hallamos nada, ni un solo rastro. Fue como si se la tragó la montaña”, recordó don Miguel López.
Durante semanas se manejó la hipótesis de un crimen, lo que provocó interrogatorios y seguimiento policial a los acompañantes de Melissa. Sin embargo, los especialistas descartaron esa posibilidad dentro de la montaña.

La hipótesis que no se descarta
Melissa Medina llevó brújula, mapa, silbato, manta térmica, botiquín, agua, raciones de comida y equipo de supervivencia para varios días.
Estaba preparada para extraviarse temporalmente, pero no para desaparecer sin dejar huella.
La única teoría que continúa vigente apunta a que pudo confundirse de sendero y descender hacia el desvío que conduce al Campamento El Quetzal, en dirección a comunidades indígenas cercanas a San Manuel de Colohete.
Los investigadores consideraron posible que Melissa saliera de la montaña y que algo le ocurriera posteriormente en comunidades aledañas. Pero jamás hubo pruebas contundentes.

Celaque y los enigmas que siguen vivos
Con el paso de los años, las desapariciones de Isis Melissa Medina Flores y Marcell Van Hoeven dejan de ser únicamente expedientes abiertos.
Se transforman en historias que aún recorren los senderos del parque entre advertencias, leyendas y preguntas sin respuesta.
Cada visitante que sube hacia Las Minas escucha alguna versión, algunos hablan de los barrancos ocultos por la neblina.
Otros mencionan rutas equivocadas que terminan en precipicios o zonas donde la vegetación puede tragarse el camino en minutos.
Pero lo único cierto es que, pese a la tecnología, las búsquedas y el tiempo, Celaque nunca devolvió respuestas.
Y en las montañas donde el silencio pesa más que el viento, dos desapariciones alimentan uno de los misterios más inquietantes de Honduras.
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