La masacre que dejó 20 muertos en el Bajo Aguán, en Colón, desnuda una herida que Honduras arrastra desde hace décadas: la disputa por la tierra, el control territorial y ahora, según las autoridades, la infiltración del crimen organizado en las estructuras campesinas.
El ministro del Instituto Nacional Agrario, Javier Talavera, confirmó que el gobierno realizará un censo campesino en la región.
Con el censo buscan identificar a las familias que realmente dependen de la tierra y frenar el avance de grupos criminales que, de acuerdo con las primeras investigaciones, utilizarian a sectores vulnerables para operar en el negocio de la palma africana.
Talavera calificó la matanza como un hecho “triste y lamentable” y aseguró que las autoridades actuarán “con firmeza y en el marco de la ley” para contener la violencia que desde hace años golpea al Aguán.
“El conflicto es histórico y complejo”, reconoció el funcionario, al admitir que la región no solo enfrenta disputas agrarias, sino también una peligrosa reconfiguración criminal.
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Colón: una tierra marcada por sangre y disputas
En el Bajo Aguán lo que alguna vez fue un conflicto centrado en la tierra, hoy parece mezclarse con economías ilícitas y redes violentas que aprovechan la pobreza y la falta de oportunidades.
Según Talavera, las bandas criminales utilizarian la necesidad económica de muchos campesinos para involucrarlos en actividades ilícitas relacionadas con la producción y control de la palma.
“Los campesinos son gente trabajadora que vive del diario vivir”, sostuvo el titular del INA, aunque dejó claro que quienes estén implicados en delitos deberán responder ante la justicia.

El censo con el que el INA busca depurar la región
El anuncio del censo campesino representa uno de los movimientos más delicados del gobierno en una región históricamente tensionada.
La intención, según el INA, es identificar quiénes realmente trabajan y dependen de la tierra, y quiénes podrían estar infiltrados por estructuras criminales.
Talavera explicó que el INA mantiene programas de apoyo mediante la compra de tierras para producción agrícola.
El funcionario reconoció que los recursos son limitados frente a la magnitud de las necesidades en la zona.

Las investigaciones sobre el móvil de la masacre
Mientras tanto, las investigaciones avanzan bajo una hipótesis que inquieta cada vez más a las autoridades: que detrás de la violencia exista una disputa criminal por el control económico de la palma africana.
Es un negocio que mueve millones y que en algunas zonas es un nuevo territorio de poder para grupos armados.
La masacre del 21 de mayo de 2026, en una finca de palma africana dejo a 20 campesinos asesinados en la aldea Rigores, Trujillo, Colón.
La tragedia dejó a familias enteras sumidas en el miedo y el dolor. También evicenció que en el Aguán la línea entre conflicto agrario y crimen es cada vez más difusa.
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