La última vez que muchas familias los vieron fue vistiendo uniforme, ajustándose el chaleco antibalas y saliendo rumbo a una misión policial en Corinto, Omoa, Cortés.
Horas después, sus nombres comenzaron a aparecer en llamadas desesperadas, mensajes internos y reportes que dentro de la Policía Nacional nadie quería confirmar.
Uno a uno fueron identificados: el subcomisario Lester Josué Amador Herrera. Leonel Alejandro Valdéz Núñez. Dailin Francisco Elvir Quintanilla. Emerson Josué Canales Funes. Nels Mackley Aguilar Benavides.
Cinco miembros de la Dirección Policial Anti Maras y Pandillas Contra el Crimen Organizado (Dipampco) terminaron asesinados en Corinto, Omoa.
Es una tragedia que hoy enluta a la institución policial y deja a familias enteras recibiendo ataúdes en lugar de abrazar de nuevo a sus seres queridos.
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Cinco vidas apagadas en Corinto
La tragedia dejó cinco hogares sumidos en el dolor y a varias comunidades despertando con la noticia más dura: sus policías habían sido asesinados lejos de casa.
En San Lorenzo, Valle, conocidos comenzaron a compartir fotografías, mensajes de despedida y recuerdos de Leonel Alejandro Valdéz Núñez, uno de los agentes caídos.
En Teupasenti, El Paraíso, el impacto también se sintió entre vecinos que observaban incrédulos cómo Dailin Francisco Elvir Quintanilla, terminó dentro de la lista de víctimas.
Dentro de la Dipampco, compañeros policiales seguían atentos cada actualización mientras los cuerpos eran recuperados en medio de una montaña.
Mientras al subcomisario Lester Josué Amador Herrera, quien lideraba a los agentes desplazados hacia la zona fronteriza de Corinto, sus compañeros le rindieron los honores.

Entre banderas y lágrimas: el último adiós a los cinco agentes
El silencio pesó dentro de la Dipampco en Tegucigalpa, en sus instalaciones tuvieron cuatro ataúdes cubiertos con la bandera de Honduras.
Los féretros permanecieron alineados entre arreglos florales y retratos de los agentes asesinados en Corinto, Omoa.
Las imágenes colocadas junto a cada ataúd generaron nuevas lágrimas entre madres, esposas, hijos y seres queridos que se acercan en silencio para acariciar por última vez las cajas de madera donde ahora descansan quienes días atrás salieron de casa vistiendo uniforme.
La escena la marcó el dolor, las flores y una sensación de vacío que atraviesa a toda la institución policial.
Porque detrás de cada féretro quedó una familia destrozada y una historia interrumpida por una misión que terminó convertida en tragedia.

La escena que dejó más preguntas que respuestas
Las fotografías obtenidas tras el ataque en Corinto, muestran una vivienda marcada por rastros de sangre, daños dentro de varias habitaciones y señales de un intercambio armado violento.
Las autoridades manejan además la hipótesis de que los responsables intentaron alterar la escena antes de abandonar la zona.
Investigadores sostienen que algunos cuerpos los movieron fuera de la vivienda y que ciertas áreas se manipularon para dificultar el trabajo forense.

Uno de los casos que más conmoción provocó fue el de Nels Mackley Aguilar Benavides.
Informes preliminares indican que el agente habría sido desmembrado y encontrado a varios metros del inmueble donde ocurrió el ataque.
Debido al estado en que fue localizado el cuerpo, Medicina Forense realiza pruebas odontológicas y análisis de ADN para completar oficialmente su identificación.
Mientras tanto, más de 400 policías permanecen desplegados en Corinto buscando a los responsables.
Pero lejos de los operativos y los fusiles, hay cinco familias enfrentando una realidad mucho más dura: aprender a vivir con el vacío que dejaron hombres que salieron de casa vistiendo uniforme y terminaron regresando dentro de un ataúd.
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