La noticia cayó como una bomba el 11 de marzo de 2020: Honduras confirmaba sus primeros dos casos de covid-19.
Lo que al principio parecía un problema lejano, pronto se convirtió en una pesadilla que transformó el país.
Calles vacías, hospitales desbordados, cuerpos apilados en camiones frigoríficos y médicos obligados a elegir a quién salvar y a quién dejar ir.
Cinco años después, el dolor sigue latente. La doctora Ligia Ramos, quien enfrentó la pandemia en los hospitales, aún se estremece al recordar cómo sus colegas y pacientes morían sin poder despedirse de sus seres queridos.
"La muerte de los colegas y pacientes fue lo más difícil. Estar en las salas con ellos, ser su último consuelo, ver cómo se apagaban sin poder abrazar a sus familias.... Esas imágenes siguen en mi mente", relata.
Con la voz entrecortada, confiesa que el impacto emocional fue demoledor. Hubo médicos que nunca se recuperaron.
Otros se convirtieron en parte de las estadísticas: más de 11,000 hondureños fallecidos por covid-19, según cifras oficiales. Pero el número real pudo ser mucho mayor.

¿Honduras aprendió la lección?
Para muchos, la respuesta es un rotundo no. La doctora Ramos lamenta que, pese a la devastación de la pandemia, el país sigue sin estar preparado para enfrentar otra crisis sanitaria.
"Pasaron cinco años y no se ha hecho ningún cambio significativo en el sistema de salud. No hay nueva infraestructura, inversión en insumos ni una política de salud real. Si llegara otra pandemia, nos encontraría igual o peor", señala.
Ramos dice que intentó advertir a las autoridades, buscó acercamientos con el poder Ejecutivo y Legislativo, pero asegura que la indiferencia ha sido total.
Y lo más indignante, dice, es que "la corrupción que se denunció en la pandemia no se erradicó".
"Se robaron millones con hospitales móviles que nunca funcionaron. El pueblo murió sin oxígeno mientras otros hacían negocios con la desgracia", recordó.
El doctor Carlos Umaña comparte la misma preocupación. Afirma que el sistema sanitario no ha cambiado en lo fundamental y que, si llegara un nuevo brote de proporciones catastróficas, el país estaría igual de indefenso.
"En Honduras, la probabilidad de sobrevivir dependía del dinero. Si podía pagar un médico privado, tenía más posibilidades", comentó.
Para él, la pandemia dejó claro que la salud en Honduras no es un derecho, sino un privilegio. (Además: A cinco años de la pandemia: el covid-19 es "un virus más", pero la OMS se mantiene en alerta)
Un sistema roto y sin voluntad de cambio
El doctor Marco Tulio Medina analiza lo ocurrido desde una perspectiva científica. Destaca que la pandemia puso en evidencia la fragilidad del sistema de salud y la falta de una política pública que lo fortalezca.
"Desde 1978, el sector salud viene en deterioro. No hay una reforma seria, solo medidas aisladas que no solucionan nada", indicó.
No obstante, reconoce que hubo avances en investigación, como la participación de la UNAH en estudios con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la implementación de guías médicas basadas en evidencia científica.
Pero en términos estructurales, la lección de la pandemia no se aprendió.

El temor a una nueva pandemia
La comunidad científica advierte que nuevas pandemias podrían surgir en cualquier momento, especialmente por virus de origen zoonótico, aquellos que se transmiten de animales a humanos.
El exviceministro de Salud Nery Cerrato también lo sabe. Por eso, con base en las experiencias vividas durante la crisis sanitaria, elaboró un estudio sobre el impacto del covid-19 en Honduras, que presentará en la Maestría en Demografía y Desarrollo este 28 de marzo.
"Hemos analizado el contexto nacional e internacional de la pandemia. Es un esfuerzo por documentar lo que realmente ocurrió y, sobre todo, por entender qué se necesita para evitar que una tragedia de esta magnitud vuelva a ocurrir", señala.
La moraleja
El covid-19 dejó cicatrices imborrables. Para las familias que perdieron a sus seres queridos, para los médicos que vieron la muerte demasiado de cerca y para un país que, cinco años después, sigue sin garantizar un derecho fundamental: la salud de su gente.
La historia podría repetirse. Otra pandemia llegará. La pregunta es: ¿Honduras seguirá igual de vulnerable?
El tiempo dirá si el país decidió aprender o si volverá a pagar con vidas la indiferencia de sus gobernantes.
