A las 5:20 de la mañana del 18 de julio de 2020, el eco de la violencia irrumpió en la tranquilidad de Triunfo de la Cruz, en Tela, Atlántida. Cinco hombres, cuatro de ellos garífunas, fueron sacados a la fuerza de sus casas por sujetos armados vestidos con uniformes de la Dirección Policial de Investigación (DPI).

Desde entonces, sus familias viven con una sola pregunta sin respuesta: ¿Dónde están?

Alberth Snider Centeno, Milton Joel Martínez Álvarez, Suami Aparicio Mejía, Junior Rafael Juárez Mejía y Gerardo Misael Trochez desaparecieron en plena pandemia.

Se los llevaron de una comunidad que, irónicamente, cuenta con medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde 2006 y un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) desde 2015 que ordenó proteger sus tierras y a su gente. Nada de eso bastó.

Tierra, territorio y persecución

Alberth Snider Centeno no era un líder cualquiera. A sus 27 años, ya presidía el Patronato de Triunfo de la Cruz y era miembro activo de la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh).

Desde ahí, impulsó la recuperación de tierras ancestrales y el cumplimiento de la sentencia de la Corte Interamericana que mandó al Estado hondureño a devolver las tierras que usurparon a la comunidad.

También promovió la reapertura de la radio comunitaria, un espacio de denuncia, cultura y resistencia.

Junto a los otros desaparecidos, defendían con firmeza la vida, el territorio y la identidad del pueblo garífuna. Y por eso, creen muchos, los desaparecieron.

"Exigimos acciones reales para encontrar a nuestros hermanos. ¡Basta ya de tanta impunidad, basta ya de mentiras y de persecución contra nuestro pueblo!", expresó Miriam Miranda, representante de Ofraneh.

SUNLA: la búsqueda de los garífunas

La falta de respuestas institucionales llevó a la comunidad a tomar las riendas. En febrero de 2021 nació el comité SUNLA (que significa “¡Basta ya!” en lengua garífuna).

Esta es una iniciativa de autogestión que se creó para investigar la desaparición forzada de los cinco hombres.

Desconfiando del Ministerio Público y de la Policía, SUNLA exige desde su nacimiento la incorporación plena a las investigaciones.

Más de 200 organizaciones de América y Europa respaldan su demanda. Pero, al día de hoy, SUNLA está sin acceso real a las diligencias y sin conocer ni siquiera el estado de las investigaciones oficiales.

Declaraciones, capturas y una impunidad que no cede

La Fiscalía Especial de Delitos Contra la Vida (FEDCV) en San Pedro Sula acusó a 16 presuntos integrantes de la Mara Salvatrucha (MS-13) como responsables del hecho.

Cinco personas están detenidas, otras cuatro siguen prófugas. Los delitos van desde asociación terrorista y allanamiento de morada hasta privación ilegal de libertad agravada y robo con violencia.

Pero para la comunidad garífuna esto no es suficiente. Ni los supuestos capturados ni la narrativa oficial explican el verdadero móvil.

Además, aseguran que no aclaran el nivel de participación de posibles actores estatales o vinculados al conflicto por tierras.

La pregunta sigue abierta: ¿Por qué, si ya hay una sentencia internacional exigiendo proteger al pueblo garífuna, estos hechos se repiten?

“Los mataron en vida”

Desde 2020, al menos a una decena de líderes garífunas los asesinaron en circunstancias similares.

Ataques armados, emboscadas o desapariciones. Ninguno de esos crímenes se esclareció.

El temor en las comunidades es constante. En cualquier momento, "los hombres con uniformes pueden volver", dicen pobladores.

Cinco años después, la diputada nacionalista Johana Bermúdez acusó al gobierno de Libre de no hacer lo suficiente.

“¿Dónde están las acciones tangibles de este gobierno para encontrar a los jóvenes desaparecidos?”, cuestionó.

Pero para Ofraneh y SUNLA, el reclamo debe ir más allá de los ciclos políticos en Honduras.

La persecución contra los garífunas es estructural y sistémica, y no se soluciona con declaraciones: se necesitan acciones reales, investigación seria y voluntad política.

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El silencio estatal ante desaparición de garífunas

A cinco años de aquella madrugada oscura, la comunidad garífuna sigue de pie, pero marcada por el dolor.

La exigencia es clara: justicia. Que el Estado de Honduras no olvide, que no archive, que no encubra. Que diga, al fin, ¿dónde están?

Porque no se trata solo de cinco hombres. Se trata de la dignidad de un pueblo que se niega a desaparecer.