La noche del 6 de febrero de 2021, Keyla Patricia Martínez Rodríguez salió de su casa en La Esperanza, Intibucá, sin saber que no volvería.

Tenía 26 años, estudiaba enfermería y soñaba con graduarse para ayudar a otros. Esa madrugada fue detenida durante el toque de queda por la pandemia y llevada a una posta policial en La Esperanza, Intibucá.

Horas después, su cuerpo llegó sin vida al hospital. Desde entonces, Honduras carga con una herida abierta.

Lo que primero se presentó como un “suicidio” pronto empezó a desmoronarse. Las dudas, los peritajes y las inconsistencias levantaron una sospecha que nunca se apagó: Keyla no murió sola.

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Caso Keyla Martínez: “Desde ese día, mi vida es esperar justicia”

Norma Rodríguez, la madre de Keyla Martínez, no descansa buscando justicia, ella habla de su hija como si aún fuera a regresar.

“Yo me quedé viviendo en esa madrugada. Desde entonces, mi vida es esperar justicia”, dice.

Norma no se convirtió en activista por elección. Lo hizo por necesidad. “Mi hija quería salvar vidas, no perder la suya así. Yo no puedo quedarme callada”.

Cada aniversario, cada audiencia, cada retraso, ha sido una prueba más de resistencia. Cinco años después, sigue firme.

Un proceso lleno de obstáculos

En 2021, el Ministerio Público presentó acusación por femicidio. Para Norma, fue el primer rayo de esperanza. Pero el camino judicial se volvió lento, complejo y desgastante.

Aplazamientos. Recursos. Cambios de criterio. Audiencias interminables. Durante años, la familia asistió a tribunales con la esperanza de escuchar una palabra: justicia.

En 2023, el tribunal declaró culpable al exagente policial Jarol Rolando Perdomo Sarmiento, pero no por femicidio, sino por homicidio imprudente por omisión.

La pena fue considerada baja por la familia y por organizaciones de derechos humanos. Cuando en 2024 la sentencia quedó firme, Norma sintió que el sistema le daba la espalda.

“Fue como si me dijeran que la vida de mi hija no valía lo suficiente”, recuerda. Lejos de cerrar el duelo, el fallo abrió una nueva herida.

Keyla Martínez

2026: cuando la esperanza vuelve a tocar la puerta

En enero de 2026, cinco años después de la tragedia, llegó una noticia inesperada: la Corte ordenó repetir el juicio. Todo debía revisarse nuevamente.

Pruebas. Testimonios. Responsabilidades. Calificación del delito. Para Norma, fue como volver a respirar.

La repetición no garantiza una nueva condena. No asegura un resultado distinto. Pero abre una oportunidad que parecía cerrada.

La repetición del juicio devuelve el caso al centro del debate público. Obliga a las instituciones a responder. A explicar. A rendir cuentas.

También plantea una pregunta incómoda: ¿Qué pasa cuando una mujer muere bajo custodia del Estado y la justicia tarda cinco años en llegar?

Para Norma, la respuesta aún está pendiente.

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