No fue casualidad, tampoco suerte. Fue insistencia, oficio y una mirada que se negó a quedarse dentro de las fronteras. Honduras tendrá presencia en uno de los espacios más importantes del cine latino en Estados Unidos. Los directores Josué Orellana y Bárbara Escalante han sido invitados al Latino Film Market Festival (LFM) en Nueva York, una vitrina que reúne a creadores de toda América Latina y la diáspora.
Del 21 al 25 de abril de 2026, ambos llevarán sus historias a un escenario donde no solo se proyecta cine: se construyen conexiones, se abren puertas y se mide el pulso de una industria que, aunque desigual, sigue encontrando en Latinoamérica una fuente inagotable de relatos.
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En el caso de Bárbara Escalante, su cortometraje “A veces quisiera arrancarme la piel”, del género terror, fue seleccionado dentro de la programación oficial del festival.
No es un terror vacío, es una narrativa que dialoga con lo interno, con lo incómodo, con lo que muchas veces no se dice.
Es una propuesta que rompe con lo superficial y apuesta por una estética que incomoda, cuestiona y deja marca.
Josué Orellana, por su parte, llega con una trayectoria que se abre paso desde la producción independiente, donde cada proyecto implicó para él, resistir: falta de financiamiento, escasos espacios de exhibición y una industria local que aún lucha por consolidarse.

Representar a Honduras, más allá del discurso
Que dos directores hondureños estén en el Latino Film Market no es un dato menor, es un mensaje.
"Vamos con todo el entusiasmo con nuestras propuestas de cine y queremos dejar en alto el nombre de Honduras”, expresó Bárbara Escalante a tunota.com.
En un país donde el cine sobrevive más por convicción que por estructura, su presencia en Nueva York expone una realidad dual: talento hay, pero el respaldo sigue siendo limitado.
Aun así, Orellana y Escalante logran lo que muchos intentan: colocar a Honduras en el mapa cultural internacional, no desde el discurso institucional, sino desde la creación.

Un paso que abre camino
El Latino Film Market no solo proyecta películas. Funciona como punto de encuentro entre productores, distribuidores y creadores que buscan llevar sus historias más lejos.
Para Honduras, esta participación representa algo más profundo: la posibilidad de dejar de ser espectador y empezar a ser protagonista en la conversación audiovisual latinoamericana.
Porque cuando una historia hondureña cruza fronteras, no solo viaja una película. Viaja un país que insiste en contarse, incluso cuando nadie parece estar mirando.
El cine hondureño sigue encontrando grietas por donde salir y esta vez, esas grietas conducen directo a Nueva York.
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