La casa no llamaba la atención, desde afuera parecía una vivienda más en el barrio Las Brisas de Altamira, en Comayagua. Pero detrás de las paredes, bajo el piso de una cocina aparentemente común, las autoridades encontraron lo que describen como una estructura utilizada para esconder droga y sostener operaciones de microtráfico.
El hallazgo ocurrió durante un allanamiento ejecutado por agentes de la Dirección Nacional Policial Antidrogas (DNPA), quienes ingresaron al inmueble siguiendo la pista de una red vinculada al almacenamiento y distribución de supuestos estupefacientes en la zona central del país.
Lo que encontraron no fue menor: casi diez mil dosis de droga listas para circular en calles, barrios y puntos de venta clandestinos.
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Comayagua y el hallazgo de casi 10 mil dosis de droga
Según el informe policial, dentro de la vivienda fueron aseguradas 2,610 dosis de supuesto clorhidrato de cocaína, 6,964 piedras de supuesto crack y 98 dosis de supuesta marihuana.
En total, el decomiso alcanzó 9,672 dosis de estupefacientes. Además de la droga, los agentes decomisaron un vehículo tipo turismo y varias libretas.
En esas libretas presuntamente, las utilizaron para llevar control de ventas, distribución y movimientos relacionados con el negocio ilícito.
Las autoridades consideran que el operativo representa un fuerte golpe para las finanzas de la estructura criminal que operaba en Comayagua.
Según se informó, la afectación económica está estimada en unos dos millones de lempiras.
La cocina que escondía una caleta narco
Pero el punto que marcó el operativo fue el descubrimiento de una estructura oculta en el área de la cocina.
Durante la inspección, los uniformados localizaron una caleta construida dentro de la vivienda.
Era un compartimiento clandestino que, según las investigaciones, servía para ocultar droga y otros elementos vinculados a actividades ilícitas.
La escena reflejó un patrón cada vez más frecuente en operaciones contra el narcomenudeo: viviendas convertidas en centros discretos de almacenamiento.
Ahora, las áreas cotidianas de una casa terminan adaptadas para esconder cargamentos y mover sustancias ilegales sin levantar sospechas.
La cocina, el lugar asociado a la vida familiar, se transformó en un escondite para sostener una operación criminal.
El supuesto operador seguía bajo investigación
De acuerdo con las investigaciones, la vivienda está vinculada a un individuo capturado recientemente y enviado a la Penitenciaría Nacional de Támara por delitos relacionados con armas de fuego y municiones.
Sin embargo, las autoridades sostienen que, pese a la captura, la estructura habría continuado funcionando.
Ese detalle abrió nuevas líneas de investigación sobre quiénes mantenían activa la operación y cómo se seguía distribuyendo la droga desde la vivienda allanada.

El microtráfico que sigue infiltrándose en barrios y ciudades
El caso vuelve a exponer cómo el microtráfico se infiltra en sectores urbanos de Honduras, utilizando viviendas comunes como puntos de almacenamiento y distribución.
Mientras afuera la rutina parecía normal, dentro de la casa se ocultaron miles de dosis listas para alimentar el consumo y la violencia que gira alrededor del negocio de la droga.
Y esta vez, según las autoridades, el corazón de esa operación se escondió justo donde menos sospechas podía generar: debajo de una cocina.
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