Lo que debía ser una jornada de corte de café se convirtió en una escena de horror en el caserío Monte Cristo, en La Lodosa, departamento de El Paraíso para madre e hija.
Daniela Lizeth Jacinto Rivera, de 15 años, y su madre, Orestila Iris Rivera, de 50, trabajaban en su propiedad la mañana del 30 de noviembre de 2024 cuando las sorprendió Arlen Roberto Velásquez Herrera, quien llegó armado con un machete.
Según la investigación presentada por la Fiscalía Especial de Delitos Contra la Vida (FEDCV), el hombre las atacó sin mediar palabra y les provocó heridas mortales que acabaron con sus vidas en el lugar.
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Enterró los cuerpos de madre e hija en la finca
Tras cometer el doble asesinato, Velásquez Herrera intentó desaparecer la evidencia del crimen.
De acuerdo con las investigaciones de agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) de El Paraíso, el hombre enterró los cuerpos en diferentes puntos de la finca donde las atacó.
Durante varios días, familiares y vecinos mantuvieron la búsqueda de ambas víctimas hasta que el 7 de diciembre de 2024 lograron desenterrar los restos.
La desesperación de la comunidad fue mayor que la espera de la exhumación oficial solicitada por la Fiscalía de Danlí y Medicina Forense.
Posteriormente, los cuerpos fueron trasladados para el levantamiento cadavérico y enviados a la morgue de Tegucigalpa, donde se les practicó la autopsia correspondiente.

La condena por el crimen
Tras un juicio oral y público, la FEDCV logró una sentencia condenatoria contra Arlen Roberto Velásquez Herrera por dos delitos de asesinato.
La Fiscalía sostuvo durante el proceso que el crimen se cometió con alevosía y ensañamiento, agravantes que elevan la pena contemplada en el artículo 193 del Código Penal.
Por este caso, el condenado enfrenta una pena de hasta 50 años de prisión por el asesinato de la madre y su hija.

Una comunidad herida
El doble asesinato de Daniela Lizeth Jacinto Rivera y su madre, Orestila Iris Rivera, dejó una herida profunda entre los habitantes de Monte Cristo.
Esa es una pequeña comunidad cafetalera donde todos se conocen y donde la noticia del crimen rompió la tranquilidad de la zona.
Durante días, vecinos y familiares participaron en la búsqueda de ambas mujeres, mientras la incertidumbre y el temor crecían entre quienes conocían a las víctimas.
La escena de los cuerpos enterrados dentro de la misma finca donde madre e hija trabajaban se recuerda con dolor por pobladores de La Lodosa.
Para muchos habitantes, el caso no solo expuso la brutalidad del ataque, sino también el impacto emocional que dejan los crímenes violentos.
Sobre todo, en comunidades rurales donde las familias viven del trabajo agrícola y conviven diariamente entre cafetales y parcelas.
