El Congreso Nacional de Honduras volverá a sesionar este martes 22 de abril, tras semanas de inactividad, en medio de un ambiente cargado de críticas, frustración y expectativas.

A días del reinicio formal no existe una agenda legislativa definida, según dicen diputados, lo que desata cuestionamientos desde distintos sectores políticos y sociales.

Una legislatura sin brújula

La ausencia de consensos entre las fuerzas políticas deja en pausa varias propuestas que apuntan a resolver necesidades urgentes, como la falta de empleo juvenil, la inseguridad jurídica y el estancamiento económico.

“Hasta hoy no hemos podido construir una agenda legislativa que favorezca la seguridad jurídica para que haya más inversión y sobre todo que incentive, motive la participación de los jóvenes con pequeños emprendimientos”, declaró la diputada nacionalista Johana Bermúdez.

Y es que para este grupo de diputados aprobar la ley de empleo temporal debe ser una prioridad, pero sigue engavetada.

Una deuda con el país

El panorama es desalentador para los analistas, entre ellos Héctor Pérez, politólogo consultado.

"Si el Congreso no se sacude del letargo, los hondureños volverán a cargar con las consecuencias de una clase política que se enfoca más en el poder que en la gobernabilidad", señala.

El peso de un año político

Con las elecciones de 2025 en el horizonte, la atención de muchos legisladores parece desviarse de sus responsabilidades parlamentarias hacia sus estrategias electorales.

Esta dinámica, según advierten expertos, podría postergar aún más la discusión de leyes clave para el desarrollo y el bienestar nacional.

“Hay una enorme desconexión entre lo que vive la población y lo que se discute en el Congreso”, sentenció Pérez.

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Un Congreso que debe despertar

El reinicio de las sesiones legislativas el 22 de abril representa una nueva oportunidad para enmendar el rumbo y devolverle al Congreso su papel como motor de cambio.

La última sesión del Congreso se llevó a cabo el 10 de abril, después de permanecer inactivo durante dos meses.

Pero sin una agenda clara, sin consensos mínimos y con un calendario marcado por la política electoral de cara a las elecciones generales del 30 de noviembre, la esperanza de reformas tangibles corre el riesgo de desvanecerse una vez más.

Los hondureños esperan más que discursos. También acción y leyes que impulsen empleos, que protejan derechos, que atraigan inversión.

Pero además, esperan que, al menos por esta vez, la política no le gane al país.