En la comunidad de Potrerillos, en la aldea El Rodeo, Santa Rosa de Copán, el tiempo dejó de avanzar con normalidad. Desde que Dilan Caleb Ponce Aguilar, un niño de apenas seis años, fue reportado como desaparecido.

Desde el 21 de abril de 2026, la incertidumbre se instaló en cada rincón de la comunidad, como una sombra que no da tregua.

No hay certezas, solo preguntas. ¿Dónde está? ¿Quién lo vio por última vez? ¿Qué pasó en ese tramo de horas que hoy se sienten eternas?

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Búsqueda del niño en Copán es contrarreloj

La Policía Nacional desplegó operativos en la zona y es el propio jefe departamental, el subcomisionado Elvis Visael Mejía Tinoco quien encabeza la búsqueda. Pero no están solos.

El Cuerpo de Bomberos de Santa Rosa, también se suma a la búsqueda, recorriendo caminos, inspeccionando áreas boscosas y peinando cada punto donde podría haber alguna pista.

Es un trabajo que no conoce descanso, porque en casos como este, cada minuto cuenta. Las imágenes muestran a los equipos en campo, atentos, organizados, intentando reconstruir lo que aún no encaja.

La operación se mantiene activa, pero el tiempo juega en contra.

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Policías, bomberos y pobladores realizan la búsqueda del menor. Foto: Cuerpo de Bomberos.

Una comunidad que no duerme

Mientras las autoridades avanzan con las labores técnicas, en Potrerillos hay otra búsqueda, una más silenciosa pero igual de intensa: la de una familia que espera.

La angustia no se dice, se respira. Se nota en quienes miran el camino con la esperanza de ver aparecer al niño, en quienes se suman a preguntar, a compartir información, a no dejar que el caso se enfríe.

Porque Dilan no es un nombre más en un cartel, e un niño con una historia, con una casa que hoy está incompleta.

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En zonas montañosas de Copán se realiza la búsqueda del niño. Foto: Cuerpo de Bomberos.

Un llamado para encontrarlo

Las autoridades han reiterado que cualquier información puede marcar la diferencia. El número 911 permanece habilitado para recibir datos que permitan ubicar al menor.

Según se informó el menor no puede oír ni hablar, y localizarlo es una prioridad, porque cada hora sin respuestas profundiza la herida.

Y en Potrerillos, Copán, todos lo saben. Por eso siguen buscando y por eso nadie se rinde.

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