Cuando la sequía comienza a secar el pasto y reducir las fuentes de agua, el problema en el campo deja de medirse únicamente por los días sin lluvia.
Se cuenta también en animales débiles, litros de leche que ya no salen y productores que buscan mantener vivas sus cosechas y su ganado.
La sequía pasa factura en Honduras y al menos 300 cabezas de ganado han muerto producto de las condiciones que afectan al país, según reportes del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria (Senasa).
Mientras, algunos productores que se prepararon sufren reducciones de hasta el 50% en la producción de leche.
En medio de ese escenario aparece una apuesta que busca guardar hoy el agua que hará falta mañana: construir alrededor de 3,000 proyectos de cosechas de agua.
Esto se implementará con apoyo del Gobierno central, gobiernos municipales y maquinaria proporcionada a las alcaldías.
La idea parece sencilla, pero en zonas castigadas por la falta de lluvia puede significar mucho más.
Es aprovechar y almacenar el agua para disponer de ella cuando los potreros estén secos y las fuentes naturales ya no sean suficientes.
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Sequía pone contra las cuerdas a los productores
Para los ganaderos, la falta de agua no golpea únicamente cuando un animal muere. Mucho antes comienza una cadena de consecuencias.
El ganado pierde condición corporal, disminuye su capacidad productiva y el productor recibe menos leche o carne mientras sus costos para mantener los animales aumentan.
El viceministro de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), Justo Martínez, reconoció que el debilitamiento provocado por la sequía repercute directamente en los índices productivos, particularmente en carne y leche.
“De los productores que no se habían preparado, estamos hablando que han tenido una reducción de hasta el 50% en la producción de leche”, señaló.
El dato dimensiona un problema que va más allá de esperar que vuelva a llover. "Es necesario un plan porque no se trata solo de animales, son las cosechas de granos que también están en riesgo", explica Desiderio Martínez, productor de Mapulaca, Lempira.

Cosechar agua cuando todavía la hay
Es precisamente allí donde las cosechas de agua cobran importancia y estos reservorios permiten almacenar agua.
Según lo explicó el viceministro se proyecta impulsar al menos 3,000 proyectos con participación de las municipalidades.
Desde la SAG la idea es apoyar con geomembranas para impermeabilizar los reservorios y evitar que el agua se pierda rápidamente por filtración.
El recurso podría destinarse al consumo animal durante los meses más secos y también utilizarse para riego.
La apuesta supone prepararse durante los períodos en los que todavía existe disponibilidad de agua.
Porque una lluvia intensa puede durar unas horas; almacenada, esa misma agua es una reserva para cuando pasen semanas sin caer una gota.

¿En qué consisten las cosechadoras de agua?
El principio de una cosechadora de agua (o reservorio de almacenamiento) es aprovechar la precipitación estacional que de otro modo se perdería por escorrentía o evaporación rápida.
Un sistema agrícola típico consta de cuatro etapas:
En su diseño se utiliza una geomembrana, una barrera sintética de muy baja permeabilidad fabricada principalmente de Polietileno de Alta Densidad (HDPE) o PVC. Se comercializa en rollos que se despliegan sobre la tierra excavada y se unen entre sí mediante sellado térmico (termofusión), creando una piscina totalmente estanca.

Apoyar para no perder más ganado
Ante el deterioro de los animales, se contempla apoyar a productores con heno, bloques nutricionales de silo y núcleos minerales para intentar reducir el impacto durante el período crítico.
Son medidas para enfrentar la emergencia inmediata, pero las cosechas de agua apuntan a otro problema.
Es proyectar qué hacer para que el próximo período seco no encuentre nuevamente a productores dependiendo únicamente de que llueva.
Por eso, en los municipios cosechar agua comienza a dejar de parecer una alternativa para convertirse en una necesidad de preparación.
Guardar parte del agua cuando todavía cae puede ser la diferencia entre llegar al siguiente verano preparado o volver a contar las pérdidas cuando ya es demasiado tarde.
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