En Honduras, hasta morirse resulta caro. Despedir a un ser querido puede representar un gasto de entre 30,000 y 100,000 lempiras, una factura que las familias deben afrontar en medio del dolor de la pérdida y que podría aumentar por el encarecimiento de los combustibles.
El ataúd, la sala de velación, el traslado del cuerpo y la compra de un lote en el cementerio son algunos de los gastos que determinan el precio de un servicio funerario, cuyo costo varía según las posibilidades económicas de cada familia.
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Edwin Lanza, presidente de la Asociación de Funerarias de Honduras, explicó a TN5 Estelar de Canal 5 que un entierro para una familia de clase media-baja puede costar entre 40,000 y 50,000 lempiras, mientras que uno de clase media puede acercarse a los 100,000 lempiras.
El representante del sector señaló que el lote del cementerio figura entre los gastos más elevados que deben cubrir los familiares, además de los servicios funerarios y el traslado desde el lugar donde ocurrió el fallecimiento.
Encarecimiento de los ataúdes
El aumento en el precio de los combustibles también repercute en los servicios funerarios, tanto por los costos de transporte como por el encarecimiento de las materias primas utilizadas en la fabricación de ataúdes.
Ante este panorama, Edwin Lanza advirtió que los féretros podrían experimentar incrementos de hasta un 20%.
Explicó que los ajustes serían necesarios para compensar el alza de los insumos y mantener el abastecimiento de materiales en las bodegas y almacenes de las funerarias.
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Una fecha para recordar a los seres queridos
El impacto económico de despedir a un familiar coincide con las actividades del 1 y 2 de noviembre, fechas en las que miles de hondureños visitan los cementerios para limpiar las tumbas, colocar flores y honrar la memoria de quienes han fallecido.
Según la información publicada por la Basílica de Suyapa, el 1 de noviembre la Iglesia católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos, dedicada tanto a quienes han sido canonizados como a las personas que alcanzaron la santidad sin reconocimiento público.
El 2 de noviembre se conmemora a todos los Fieles Difuntos, una jornada de oración por quienes han muerto, desde la esperanza cristiana en la resurrección y la vida eterna.

La Iglesia reconoce las visitas a los cementerios, el cuidado de las tumbas y las oraciones como expresiones de piedad popular.
En ese contexto, Juan Manuel Durón, responsable del cementerio de Suyapa, explicó que las familias llegan a limpiar y dar mantenimiento a las tumbas de sus seres queridos.
Así, entre recuerdos, flores y oraciones, los hondureños se preparan para honrar a sus difuntos, una despedida que también tiene un costo económico que no todas las familias pueden afrontar con facilidad.
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