Honduras se enfrenta a una crisis alimentaria insostenible: más de 1.7 millones de personas viven en estado crítico, y al menos 174 mil sobreviven en emergencia, es decir, con menos de un dólar al día.
Así lo revela un informe reciente de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), que describe cómo miles de hogares están tomando medidas desesperadas para sobrevivir.
“Hay personas y familias que han reducido los tiempos de comida. Si antes comían dos veces al día, ahora solo comen una. Algunos priorizan a los niños o adultos mayores. Este es un tema delicado que nos llama a reflexionar”, alertó una de las investigadoras del informe.
Según el análisis, esta realidad es consecuencia de múltiples factores estructurales: la pobreza extrema, el alto costo de la canasta básica, el desempleo, el subempleo y los bajos ingresos.
En 2024, más del 50% de los hogares hondureños reportó una disminución de ingresos, mientras que el 68% de la fuerza laboral gana menos del salario mínimo.
La comida se vuelve un lujo para miles
“El problema de fondo es que las estrategias no están llegando a combatir este flagelo. Estamos ante una emergencia silenciosa que no puede seguir ignorándose”, reiteró la especialista.
La situación es aún más preocupante si se considera el impacto en la salud: en 16 de los 18 departamentos del país se reportan casos de desnutrición, enfermedades crónicas y obesidad vinculadas a una dieta deficiente.
A esto se suman los efectos del cambio climático, los conflictos sociales y el mal uso del presupuesto público. “Ese presupuesto que está destinado para programas sociales, ¿realmente se está utilizando para lo que fue asignado?”, cuestionó la fuente.
La dignidad empieza por la alimentación
Para Reyna Melissa Arteaga, representante de la fundación CSAI, “trabajar en seguridad alimentaria no significa que el Estado nos tiene que dar comida, sino que debe garantizarnos condiciones dignas para poder acceder a ella”.
Frente a este panorama, los expertos recomiendan fortalecer la asistencia alimentaria, fomentar la agricultura local, impulsar el empleo, regular los precios de los productos básicos, combatir el acaparamiento y apoyar a los pequeños productores.
La advertencia es clara: si no se toman acciones integrales e inmediatas, la crisis alimentaria continuará profundizándose. Y no solo es inaceptable desde el punto de vista humano, sino también económicamente insostenible para el país.
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