Con la bandera de Honduras ondeando en sus manos y un fervor profundo en sus miradas, migrantes hondureños se unieron en una ceremonia cargada de simbolismo y fe en el río Bravo.
En el lado mexicano, el obispo de Ciudad Juárez, José Guadalupe Torres Campos, se unía a sus pares estadounidenses, los obispos Mark Joseph Seitz de El Paso y Peter Baldacchino de Las Cruces, quienes descendieron para oficiar una misa binacional sobre un altar improvisado en el caudal del río.
A su alrededor, hombres y mujeres hondureños, junto a migrantes de diversas naciones, sostenían sus banderas, llevando en sus colores el anhelo de una vida digna y la memoria de aquellos que no lograron cruzar.
La Red Fronteriza por los Derechos Humanos compartió cifras desgarradoras: 176 personas han muerto solo en el sector de El Paso en lo que va del año, y miles más perecieron en esta década.
La procesión de la fe y el dolor
Los migrantes de distintos países alzaron cruces y estandartes, formando una hilera que simbolizó tanto el peso de su travesía como la fuerza de su esperanza.
En la primera fila, muchos hondureños llevaban banderas y mochilas, recordando los pasos de aquellos que ya no están.
La misa no era solo un acto religioso; era una declaración de resistencia en un mundo que tantas veces les ha vuelto la espalda.
El obispo Torres Campos expresó en su homilía una plegaria de arrepentimiento. “Queridos hermanos migrantes, pedimos perdón por nuestra indiferencia y falta de atención. Toca a nosotros mirarlos con compasión, como el buen samaritano”, expresó.

Clamor por justicia
Las palabras de los sacerdotes resonaban en ambos idiomas, español e inglés, pidiendo “que cada hombre, mujer y niño tenga la libertad de emigrar para mejorar sus vidas".
En la comunión, las banderas ondearon entre el resto, en un recordatorio de que todos están unidos en su fe y su lucha.
Cuando la misa llegó a su fin, las oraciones quedaron grabadas en los corazones de cada migrante, cada sacerdote, cada voluntario.
Para ellos, este río ya no es solo una frontera; es un recordatorio de resistencia y esperanza.
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