Es el mes de julio de 2012, una ciudad: San Pedro Sula. En una reunión discreta, Héctor Emilio Fernández Rosa, Don H, conversó con el venezolano Luis Alberto Ascanio Blanco sobre un cargamento de 350 kilos de cocaína con destino a Nueva York.

Nada parecía alterar el ambiente, salvo un detalle invisible: dos informantes secretos, identificados como CS-1 y CS-2, estaban allí.

Escucharon, tomaron nota y, sin que nadie lo sospechara, tejían la trampa que lo hundió.

En los días siguientes, uno de ellos recibió instrucciones de pago de parte de Eric Francisco Mendoza Zúñiga, mientras que en Nueva York se concretó la inspección del cargamento con Juan Camilo Restrepo.

Todo quedó registrado y formó parte de la trampa que marcó el fin de Don H.

¿Cómo los informantes secretos sellaron la caída de Don H?

La información que se recolectó fue suficiente para que en noviembre de 2012 se presentara una acusación confidencial contra Don H y sus socios.

El engranaje judicial empezó a girar: a Ascanio Blanco lo detuvieron en Colombia en 2014 y lo extraditaron a Estados Unidos.

Mientras que a Don H lo capturaron en Honduras ese mismo año y lo entregaron a la justicia estadounidense en febrero de 2015.

El caso evidenció la fuerza de los informantes secretos como recurso central de la DEA. Y no fue el único.

Dos sobrinos de la primera dama venezolana, Cilia Flores, también cayeron en una operación similar.

Tras su contacto con un informante en Honduras, los arrestaron en Haití y los acusaron de usar terminales oficiales del gobierno de Venezuela para traficar droga.

Informantes secretos: arma de doble filo en la lucha antidroga

El Departamento de Justicia de Estados Unidos estima que la DEA mantiene cerca de 4,000 informantes secretos activos en todo momento.

Son esenciales para abrir puertas donde las fuerzas de seguridad no tienen acceso. Sin ellos, operaciones como la que derribó a Don H difícilmente hubiera prosperado.

Pero la estrategia no está exenta de riesgos. Muchos informantes son criminales que negocian su libertad o buscan beneficios personales.

No siempre se revisan sus motivaciones, y en ocasiones se les permite seguir delinquiendo mientras entregan información.

Así ocurrió con algunos miembros del Cártel de Sinaloa, que continuaron traficando con el aval tácito de las autoridades, situación que sus abogados después utilizaron como defensa en tribunales.

Lea también: 10 datos sobre 'Don H', el narco hondureño que lloró al ser capturado y ahora pasará el resto de su vida en prisión

La lección que deja el caso de Don H y los informantes secretos

La caída de Don H no se debió a balaceras ni a decomisos espectaculares, sino a voces encubiertas que decidieron hablar.

Su historia refleja el poder de los informantes secretos para derribar imperios criminales, pero también la fragilidad del sistema cuando se basa en testimonios de quienes, al mismo tiempo, forman parte del delito.

“Se necesitan políticas claras para proteger a oficiales, informantes y comunidades. No es bueno improvisar en un terreno tan delicado”, advirtió Jon Shane, académico del John Jay College of Criminal Justice.

El caso de Don H demuestra que los informantes secretos pueden decidir destinos. Su poder es innegable, pero también lo es el riesgo.

En el mundo del narcotráfico, hablar puede costar tan caro como callar y a Don H el precio fue la cadena perpetua.