A las cinco de la mañana ya estaba al aire, mientras miles de hondureños se preparaban para ir al trabajo, abrir un negocio o emprender un viaje, la voz de Alfredo Villatoro se colaba en autobuses, cafeterías, mercados y hogares de todo el país.
Durante años se convirtió en una compañía cotidiana para quienes buscaban informarse con HRN antes del amanecer.
Pero aquella rutina se rompió abruptamente el 9 de mayo de 2012. A las 4:45 de la madrugada, cuando se dirigía hacia Emisoras Unidas para coordinar una nueva emisión del Diario Matutino de HRN, lo interceptaron varios hombres en la colonia San Ignacio de Tegucigalpa.
Minutos después, su vehículo apareció abandonado en la colonia Florencia. Así comenzaron seis días de angustia que mantuvieron en vilo a Honduras.
De interés: Alfredo Villatoro, así fue la trayectoria del periodista hondureño que asesinaron en 2012
El secuestro de Alfredo Villatoro que paralizó al país
La noticia se propagó rápidamente. Familiares, colegas, oyentes y amigos llegaron a la zona donde se encontró el automóvil.
Nadie logró entender cómo uno de los periodistas más conocidos del país había desaparecido en cuestión de minutos.
Ese mismo día, la Policía detuvo a un ex subinspector policial y a dos civiles que se movilizaban en un vehículo con características similares a las descritas por testigos.
Sin embargo, horas después recuperaron su libertad al no encontrarse pruebas que los vincularan con el caso.
Mientras tanto, el rechazo nacional e internacional crecía. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras, la Sociedad Interamericana de Prensa y diversas entidades defensoras de derechos humanos exigieron la liberación inmediata del periodista.
La Iglesia Católica también elevó llamados para que se respetara su vida. Así la presión aumentaba con el paso de las horas.

Seis días de incertidumbre
Las autoridades aseguraron que especialistas hondureños, colombianos y estadounidenses colaboraron en las investigaciones.
Sin embargo, el tiempo avanzó sin que existieran respuestas claras sobre el paradero de Villatoro.
Cada mañana, en lugar de escuchar su voz en vivo, los oyentes del Diario Matutino escuchaban fragmentos de antiguos editoriales.
Era una forma de mantener viva la esperanza de que regresara sano y salvo, pero la espera se volvió una carga colectiva y el país entero parecía contar las horas.
La esperanza que duró unas horas
El 15 de mayo de 2012 surgió una noticia que devolvió algo de optimismo. Durante una comparecencia en San Pedro Sula, el entonces presidente Porfirio Lobo Sosa confirmó la existencia de un video que mostraba con vida al comunicador.
Muchos interpretaron aquella revelación como una señal de que el desenlace podría ser favorable.
Pero la esperanza duró poco, esa misma noche, las autoridades recibieron información sobre el hallazgo de un cadáver en las cercanías de residencial Las Uvas, en Tegucigalpa.
Los rumores comenzaron a multiplicarse y a las nueve de la noche llegó la confirmación oficial.
El entonces ministro de Seguridad, Pompeyo Bonilla, anunció que el cuerpo encontrado correspondía a Alfredo Villatoro. Honduras quedó conmocionada.

La escena que marcó la memoria colectiva
El cuerpo del periodista lo hallaron vestido con uniforme del Comando Especial Cobras y con el rostro cubierto por un pañuelo rojo.
Las imágenes del hallazgo recorrieron el país y quedaron grabadas en la memoria de miles de hondureños.
No solo asesinaron a un periodista, mataron a un padre, un esposo, un amigo y una de las voces más reconocidas de la radio nacional.
Aquella madrugada que comenzaba con noticias terminó convirtiéndose en uno de los episodios más dolorosos para el periodismo hondureño.
Las capturas y las condenas
Las investigaciones avanzaron durante las semanas siguientes y tres días después del crimen capturaron a varias personas vinculadas con las llamadas realizadas para negociar el rescate.
Posteriormente, el 27 de mayo de 2012, las autoridades ejecutaron allanamientos en Cortés y Tegucigalpa que condujeron a la captura de Marvin Alonso Gómez y de los hermanos Osman Fernando y Edgar Francisco Osorio Arguijo.
Durante las diligencias también se encontraron armas que posteriormente las relacionaron científicamente con el asesinato del periodista. Dos años después comenzó el juicio.
Entre las pruebas presentadas por el Ministerio Público figuró el video enviado por los secuestradores a la familia como evidencia de que Villatoro permanecía con vida durante el cautiverio.
Finalmente, los hermanos Osorio Arguijo y Marvin Alonso Gómez los condenaron a prisión de por vida por secuestro agravado.

Catorce años después, las preguntas persisten
El 17 de mayo de 2012, familiares, amigos, colegas y ciudadanos acompañaron a Alfredo Villatoro en su último adiós.
Sin embargo, el paso de los años no logra cerrar completamente el caso. Aunque a los responsables materiales los condenaron, informes posteriores apuntaron a la participación de policías, expolicías y estructuras ligadas al narcotráfico.
También surgieron versiones sobre la existencia de autores intelectuales que nunca enfrentaron la justicia.
Por eso, catorce años después, el caso Villatoro es una referencia obligada cuando se habla de violencia contra periodistas en Honduras.
Porque más allá de las sentencias, aún permanece una pregunta que resuena entre colegas, familiares y ciudadanos: quién decidió apagar para siempre la voz que despertaba a Honduras cada mañana.
Lea también: Asesinan en cárcel de El Porvenir a culpables por crímenes contra periodistas Aníbal Barrow y Alfredo Villatoro
