Primero entraron por el techo; la segunda vez ya ni siquiera necesitaron esconderse en la madrugada: llegaron a plena luz del día y se llevaron lo que quedaba. Es el golpe de la delincuencia en Ocotepeque que hoy tiene a comerciantes y emprendedores levantando la voz.

Entre un asalto y otro pasaron apenas 35 días. En medio quedó una emprendedora intentando salvar el negocio que levantó con ilusión, reponerse del primer golpe y convencerse de que aquello no volvería a ocurrir.

Pero ocurrió y Teocell, una tienda dedicada a la venta de celulares en Ocotepeque, anunció el cierre después de sufrir dos asaltos consecutivos que, según denunció su propietaria, la dejaron sin inventario, sin el efectivo disponible y con facturas pendientes por mercadería que ahora ya no tiene para vender.

Su historia, sin embargo, dejó de ser únicamente la historia de una tienda asaltada. El cierre encendió nuevamente el reclamo de emprendedores y pobladores que aseguran vivir bajo la presión de la delincuencia.

Ahora lanzan una pregunta mucho más incómoda: “¿Cuántos negocios más hay que cerrar para que la autoridad haga algo?”

De interés: Hombres armados y vestidos de Dipampco asaltaron negocio en La Quezada

Delincuencia en Ocotepeque: un boquete en el techo fue el primer golpe

La primera vez ocurrió el 1 de julio de 2026, según relató públicamente la propietaria de Teocell, los responsables aprovecharon las horas de la madrugada para romper el techo del establecimiento e ingresar al local.

Una vez adentro, se llevaron varios teléfonos celulares, el robo significó pérdidas para un negocio que dependía precisamente de esa mercadería para operar.

Aun así, la decisión de la propietaria fue no rendirse. “Decidimos seguir operando confiando en que no se iban a repetir estos acontecimientos”, relató.

Era volver a comenzar después del golpe, reponer lo perdido, mantener abierto el establecimiento y trabajar pese a que alguien convirtió el esfuerzo de meses en un botín de madrugada. La apuesta duró poco más de un mes.

El segundo asalto llegó a plena luz del día

El 4 de agosto, apenas 35 días después del primer robo, la delincuencia tocó de nuevo las puertas del negocio.

Esta vez no hubo que esperar la oscuridad, el segundo asalto ocurrió durante la tarde, a plena luz del día.

Y el golpe fue todavía mayor. “Nos robaron todo lo que había de inventario en la tienda, más el efectivo que se encontraba en la tienda”, denunció.

Sin inventario para vender, sin el efectivo y con deudas que todavía deben enfrentarse, continuar dejó de ser sostenible.

“Con profunda tristeza informamos que cerramos las puertas, ya que nos dejaron sin inventario, con facturas pendientes que no están pagadas en su totalidad porque nos han robado”, explicó la propietaria.

Y después llegó la frase que retrata el tamaño del golpe: “No podemos seguir operando después de dos robos consecutivos”.

robos a vehículos

Delincuencia en Ocotepeque: “Estamos a merced”

Las denuncias no terminan con el cierre de Teocell. El propietario de una veterinaria de Ocotepeque también reportó ser víctima de la delincuencia, mientras otro ciudadano denunció que desconocidos abrieron su vehículo cuando permanecía estacionado detrás de la iglesia San José.

“La inseguridad con la que vivimos en Ocotepeque es increíble, la gente sinvergüenza ya no le tiene miedo a la luz del día”, escribió al exponer públicamente lo ocurrido.

Los casos se suman al malestar de pobladores y comerciantes que aseguran sentirse cada vez más vulnerables frente a los hechos delictivos.

Uno de los habitantes de Ocotepeque, quien pidió mantener su identidad en el anonimato, resumió el malestar.

“El alto índice delincuencial en Ocotepeque nos está llevando a que personas honradas deban perder y cerrar”, expresó.

Su reclamo terminó convirtiéndose en una pregunta dirigida directamente hacia quienes tienen la responsabilidad de brindar seguridad.

“¿Cuántos negocios más hay que cerrar para que la autoridad haga algo? Estamos a merced de la delincuencia”, lamentó.

No habla únicamente de mercadería, para un pequeño emprendedor, detrás de cada producto hay una inversión todavía pendiente de recuperar. Cuando ese inventario desaparece, las obligaciones permanecen.

El ladrón se lleva el producto y el comerciante se queda con la deuda.

imagen de robo en Santa Rosa de Copán
Cámaras de seguridad captaron a un sospechoso dentro de un negocio en Santa Rosa de Copán, donde comerciantes también denuncian hechos de inseguridad.

El reclamo también se escucha en Santa Rosa de Copán

La preocupación no termina en los límites de Ocotepeque, pobladores de Santa Rosa de Copán también hablan de hechos de inseguridad que generan temor.

Por ello reclaman que las autoridades del nivel central vuelvan su mirada hacia las ciudades del occidente de Honduras.

Piden garantizar condiciones para que comerciantes y emprendedores mantengan sus establecimientos funcionando sin convertir cada jornada en una apuesta sobre cuándo llegará el próximo golpe.

Porque detrás de cada negocio pequeño hay mucho más que una puerta abierta, hay inversión, préstamos, proveedores, empleos, ingresos familiares y personas que apostaron sus recursos a una idea con la esperanza de convertirla en su forma de vida.

Por eso la pregunta que hoy lanzan desde Ocotepeque pesa más que cualquier cifra: “¿Cuántos negocios más hay que cerrar?”

Teocell ya puso uno sobre la cuenta y detrás de su cierre queda el temor de otros emprendedores que no piden privilegios para trabajar.

Occidente solo pide seguridad para que levantar un negocio no termine convirtiéndose en levantarlo una y otra vez después de cada asalto.

Lea también: ¡Le roban hasta el chinero! Asaltan por segunda vez negocio en San Pedro Sula