A simple vista, dos departamentos aparecen empatados en la parte más alta de una estadística que pesa: Comayagua y Cortés registran siete policías muertos cada uno en lo que va de 2026.
El número es el mismo. La forma en que llegaron hasta allí, no. En Comayagua, una sola tragedia vial ocurrida en Villa de San Antonio dejó siete agentes muertos.
En Cortés, cinco de los siete casos corresponden a otro episodio que sacudió a la institución: la masacre de Corinto, Omoa, donde cinco policías perdieron la vida durante un operativo de allanamiento.
Aquel operativo no terminó únicamente con cinco agentes muertos. El hecho derivó posteriormente en investigaciones sobre los protocolos de seguridad y la suspensión de la cúpula de la Dirección Policial Anti Maras y Pandillas Contra el Crimen Organizado (DIPAMPCO).
Dos hechos, ocurridos en dos puntos distintos del país, ayudan así a explicar buena parte de una estadística que, vista únicamente en barras, cuenta muy poco sobre lo que realmente ocurrió.
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Dos hechos dispararon las cifras de policías muertos
Comayagua y Cortés encabezan con siete casos cada uno, seguidos por El Paraíso y Lempira, con cuatro respectivamente; Francisco Morazán y Choluteca, con tres cada uno.
Entre esos seis departamentos reúnen 28 muertes, sin embargo, el peso que tienen Comayagua y Cortés dentro de la estadística necesita contexto.
Los siete casos de Villa de San Antonio corresponden a una sola tragedia vial. En Omoa ocurre algo similar: los cinco policías que coloca el gráfico en ese municipio murieron en la masacre de Corinto.
Eso significa que 12 de los 14 policías muertos que colocan a Comayagua y Cortés en la cima de la estadística proceden de apenas dos acontecimientos.
Ese es un dato clave para la historia: dos tragedias explican el 35.3 % de todos los policías muertos contabilizados en Honduras durante el período.

De siete casos a departamentos con ninguno
Después de Comayagua y Cortés, la estadística desciende: El Paraíso y Lempira registran cuatro policías muertos cada uno, mientras Francisco Morazán y Choluteca contabilizan tres respectivamente.
Esos son los seis departamentos que concentran los 28 casos. El resto queda muy por debajo: Olancho, Santa Bárbara, Atlántida, Valle, Colón y La Paz tienen uno cada uno.
En el otro extremo están Gracias a Dios, Intibucá, Yoro, Islas de la Bahía, Copán y Ocotepeque, donde el registro permanece en cero.
El gráfico cambia cuando se mira por municipio
El desglose municipal permite ver con mayor precisión cómo se distribuyen los casos. Además de Villa de San Antonio y Omoa; Gracias, Lempira, registra cuatro; San Pedro Sula y Choluteca tienen dos cada uno.
Con un caso aparecen Distrito Central, Santa Rosa de Aguán, La Masica, El Triunfo, Catacamas, Goascorán, San Pedro de Tutule, Danlí, Sabanagrande, Guaimaca, El Paraíso, Texiguat, Jacaleapa y Quimistán.
Pero el dato municipal también deja una advertencia: estar arriba en el gráfico no necesariamente significa acumular más hechos violentos contra policías.
Villa de San Antonio es el ejemplo más claro: sus siete casos proceden de una sola tragedia vial.

Lo que las barras no cuentan
Los datos colocan a Comayagua y Cortés en la cima y muestran que seis departamentos reúnen la mayoría de las muertes.
Pero las barras únicamente cuentan personas; no explican cómo murieron y por eso, un accidente vial puede elevar de golpe la cifra de un departamento.
Un operativo que termina con cinco agentes muertos puede hacer lo mismo en otro.
Por eso, detrás de los 34 policías muertos hay circunstancias que no deberían mezclarse como si fueran un mismo fenómeno.
El año todavía no termina y la cuenta ya llegó a 34, algunos departamentos apenas aparecen en el registro y otros cargan con buena parte de las muertes.
Más allá de porcentajes y posiciones, la estadística deja un saldo difícil de reducir a una barra: son 34 policías que no llegarán al final de 2026 vistiendo el uniforme.
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