Salieron de una actividad religiosa, pero nunca llegaron a casa. En algún punto del camino, los cuatro primos en La Ceiba fueron interceptados y privados de su libertad.
Lo que ocurrió después comienza a reconstruirse meses más tarde y muestra una secuencia que marcó el sometimiento, la violencia y el intento de dispersar las evidencias del crimen.
La investigación sobre los cuatro primos en La Ceiba conduce desde el lugar donde los interceptaron hasta una vivienda.
Esa casa la señalan las autoridades como una presunta “casa loca” y termina en dos sectores diferentes donde aparecieron sus cuerpos.
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El camino de los primos cambió al salir de la actividad religiosa
Daniel Enrique Canales Antúnez, Kelvin Magdiell Santos Canales, Diego Yassir Canales Solís y Dilan Mateo Canales Solís eran primos y tenían vínculos con la congregación de los testigos de Jehová.
Según familiares y autoridades, regresaban de una actividad religiosa cuando hombres armados los interceptaron y los privaron de su libertad.
Desde ese momento comenzó una ruta que la Policía todavía intenta reconstruir completamente.
No se trató, según la principal hipótesis policial, de un ataque que terminó en el mismo sitio donde a los jóvenes los interceptaron.
Los investigadores creen que sus captores los trasladaron hacia otro lugar.

La “casa loca” que apareció en la investigación
Casi un mes después del crimen, el 14 de agosto de 2026, un allanamiento llevó a los investigadores hasta una vivienda de la colonia Las Mercedes.
El inmueble se señaló como una presunta “casa loca”, sirvió para identificar lugares que estructuras criminales emplean para mantener personas retenidas o desarrollar actividades ilícitas.
La principal hipótesis de la Policía es que los cuatro jóvenes pudieron ser llevados hasta esa vivienda después de ser privados de su libertad.
Es precisamente dentro de esa parte de la reconstrucción donde el caso adquiere su dimensión más brutal.
Las investigaciones preliminares sostienen que los jóvenes habrían sido torturados antes de ser asesinados.
Después, sus cuerpos habrían sido retirados del lugar y trasladados hacia otros sectores de La Ceiba.
Los cuerpos no quedaron en un solo lugar
La secuencia no terminó con las muertes, los cuerpos fueron separados. La noche del 18 de julio de 2026, a dos de los jóvenes los encontraron sin vida en la colonia San José.
A la mañana siguiente aparecieron otros dos en un callejón del sector de Canelas y esa dispersión llamó la atención de los investigadores.
El subcomisionado Edgardo Barahona explicó entonces que una de las hipótesis apuntó a que los responsables utilizaron distintos lugares para abandonar los cuerpos y dificultar las investigaciones.
Así, el lugar donde aparecieron los cuatro primos en La Ceiba no necesariamente sería el escenario donde los sometieron y asesinaron.
La investigación plantea una cadena más compleja: interceptarlos, trasladarlos, mantenerlos bajo control y posteriormente movilizar los cuerpos.

Nuevos indicios revelan cómo los sometieron
Dos meses después, otra operación policial volvió a conectar a investigadores con el crimen.
El 23 de septiembre de 2026, la Policía informó sobre la captura de cinco personas en la colonia San Judas, entre ellas un menor de edad.
Las autoridades señalan a los detenidos como presuntos integrantes de la Pandilla 18 y vinculan a dos con el asesinato de los cuatro primos.
Durante las diligencias, los investigadores reportaron el hallazgo de pistas relacionados con posibles actos de tortura y sometimiento que sufrieron los jóvenes antes de morir.
La Policía no divulgó públicamente todos los detalles de esos indicios, por lo que todavía quedan piezas por colocar en la reconstrucción.
Tampoco está judicialmente determinada la responsabilidad individual de los capturados.
Una ruta que todavía guarda preguntas
Lo conocido hasta ahora permite, sin embargo, seguir una ruta que comenzó con cuatro jóvenes regresando de una actividad religiosa y terminó con sus familias buscándolos.
En medio quedó una presunta “casa loca”, la hipótesis de tortura, el traslado de las víctimas y una decisión que resulta clave para entender cómo operaron los responsables: los cuerpos los abandonaron por separado.
La investigación deberá establecer quién dio las órdenes, quiénes participaron en cada etapa y qué ocurrió exactamente dentro del inmueble investigado.
Pero la secuencia que emerge de las pesquisas deja una diferencia esencial: los cuatro primos no murieron simplemente donde los hallaron.
Antes hubo un traslado, hubo sometimiento. Y, según la hipótesis policial, hubo un lugar donde sus captores tuvieron el control suficiente para decidir qué hacer con ellos y después sacar sus cuerpos hacia distintos puntos de La Ceiba.
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