Un juzgado colombiano ya había sellado el destino del narco: 23 años de prisión por narcotráfico.
Pero cuando llegó la condena, el hombre que debía escucharla ya no estaba, aprovechó una libertad concedida por vencimiento de términos para desaparecer del radar de las autoridades.
Su rastro cruzó fronteras y terminó varios kilómetros después, en Danlí, El Paraíso, donde Honduras puso fin a una fuga que comenzó en Medellín.
El hombre era Edwin Arley Osorio Taborda, un narco colombiano de 38 años de edad sobre quien pesaba una alerta roja de Interpol.
Lo acusaron por los delitos de tráfico, fabricación y porte de estupefacientes agravado, además de circunstancias de mayor punibilidad.
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El narco colombiano convirtió una libertad temporal en una fuga
La historia se remonta a diciembre de 2019, cuando Edwin Arley Osorio Taborda lo capturaron en Medellín durante un operativo contra el narcotráfico.
Sin embargo, en enero de 2021 recuperó la libertad luego de que el proceso superara los plazos legales establecidos, una decisión conocida como vencimiento de términos.
Aquella resolución le dio tiempo para abandonar Colombia antes de que el caso llegara a su desenlace.
En mayo de 2023, un juzgado de Medellín lo declaró culpable y le impuso una condena de 23 años de prisión.
Para entonces, ya había desaparecido y se había convertido en un prófugo buscado internacionalmente.
La ruta terminó en Honduras tras una alerta de Interpol
La búsqueda concluyó en 2024 cuando agentes de Interpol Honduras localizaron a Edwin Arley Osorio Taborda, narco colombiano en la ciudad de Danlí, departamento de El Paraíso.
La Policía hondureña confirmó que el capo colombiano permanecía de manera irregular en el país y ejecutó la captura al verificar la vigencia de la notificación roja emitida por Colombia.
Tras la detención, Honduras notificó a las autoridades colombianas para coordinar su expulsión y posterior entrega, con el objetivo de que cumpliera la condena pendiente.
La operación formó parte de la cooperación internacional para impedir que personas requeridas por delitos graves utilicen otros países como refugio para evadir la justicia.

La condena que cruzó fronteras para alcanzarlo
El caso de Edwin Arley Osorio Taborda evidencia cómo una decisión judicial temporal es la oportunidad perfecta para que un acusado desaparezca antes de enfrentar una sentencia definitiva.
Lo que comenzó con una captura en Medellín terminó años después con otra en Danlí, El Paraíso.
Entre ambos puntos hubo una condena de 23 años, una alerta roja de Interpol y una fuga internacional que terminó cuando Honduras cerró la última puerta que aún le quedaba abierta.
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