La historia del 'Cártel del Diablo' comenzó mucho antes de que su nombre provocara temor en comunidades de Yoro. La pista que ahora siguen las autoridades cruza la frontera hondureña y conduce hasta México.

Allí, según información que revelaron autoridades de Seguridad, personas posteriormente vinculadas con esta estructura hondureña tuvieron contacto con operaciones relacionadas con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

La sospecha abre una línea distinta alrededor del grupo señalado de operar principalmente en Yoro.

Y es que, parte de sus métodos no se construyeron únicamente en Honduras, sino que los aprendieron fuera del país y posteriormente replicaron.

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Cártel del Diablo: la pista que comienza en México

Uno de los nombres que concentra las investigaciones es Esteban Gumercindo Ferrera Rodas, alias “El Diablo”, quién las autoridades señalan como cabecilla del denominado Cártel del Diablo.

Ferrera Rodas figura entre los diez hombres más buscados de Honduras y existe una recompensa de 500 mil lempiras por información que permita su captura.

Pero detrás de su búsqueda existe otro elemento que las autoridades comenzaron a poner sobre la mesa.

El portavoz de la Policía Nacional, Wilber Mayes Ríos, aseguró que los análisis de inteligencia establecieron que el supuesto líder de la estructura residió anteriormente en México.

Ese paso por territorio mexicano resulta relevante para los investigadores y según Ríos, durante ese período adquirió conocimientos y capacitación relacionados con formas de operar utilizadas por estructuras criminales mexicanas.

Esos son métodos que posteriormente encontraron terreno para reproducirse en Honduras.

No se trata de establecer que Ferrera Rodas perteneció al CJNG. Es una línea construida a partir de información de inteligencia que las autoridades hondureñas mantienen bajo análisis.

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Del aprendizaje al regreso

El ministro de Seguridad, Gerzon Velásquez, afirmó que algunos integrantes relacionados con el Cártel del Diablo estuvieron en México y participaron en operaciones vinculadas con el CJNG.

Después vino el regreso y de acuerdo con la versión oficial, operaciones y cambios ocurridos dentro de estructuras criminales mexicanas provocaron que algunos hondureños retornaran al país.

Y es precisamente allí donde aparece una de las principales interrogantes de la investigación: qué trajeron consigo además de su regreso.

Las autoridades consideran que conocimientos, contactos y formas de organización adquiridas fuera del país pudieron influir en la construcción de estructuras que posteriormente comenzaron a operar en territorio hondureño.

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Los métodos que encendieron las alertas

Los investigadores también encontraron comportamientos que consideran similares a los utilizados por organizaciones criminales mexicanas.

Entre ellos aparecen formas de reclutamiento, organización interna y utilización de plataformas digitales para comunicar mensajes y proyectar presencia territorial.

Incluso algunas páginas utilizadas en redes sociales por personas relacionadas con la estructura se crearon desde ubicaciones fuera de Honduras, según lo expuesto por las autoridades.

La tecnología se convierte así en otra pieza de la investigación: mientras la estructura tendría su principal radio de acción en Honduras, parte de su aparato de comunicación podría extenderse más allá de las fronteras.

Yoro, el territorio donde apareció la réplica

El Cártel del Diablo se identifica principalmente en sectores de Yoro, incluyendo Sulaco, aunque las autoridades también siguen movimientos relacionados con la estructura en otras zonas del país.

Su aparición no pasó inadvertida para las unidades de inteligencia y la Policía Nacional sostiene que el grupo se identificó y categorizó antes de que su nombre comenzara a tomar mayor fuerza públicamente.

Operativos recientes dejan capturas de personas señaladas como integrantes de la estructura, mientras la búsqueda de Ferrera Rodas continúa.

La búsqueda de Ferrera Rodas tomó otro giro cuando un video difundido en redes sociales mostró a un hombre identificado presuntamente como “El Diablo” lanzando un desafío a las autoridades que ofrecen L500 mil por información que permita capturarlo.

En la grabación, cuya autenticidad no se confirmó oficialmente, el hombre asegura encontrarse en Yoro y eleva la apuesta frente a la recompensa ofrecida por su cabeza: “Les doy L2 millones”, expresa.

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El CJNG detrás de la pista hondureña

Para las autoridades hondureñas, la preocupación no radica únicamente en establecer si existió una relación directa entre el CJNG y el Cártel del Diablo.

También intentan determinar si el modelo criminal se importó. Porque una organización local puede ser desarticulada capturando a sus integrantes.

Pero el escenario cambia cuando detrás existe conocimiento adquirido en estructuras transnacionales capaz de reproducirse nuevamente.

Eso es precisamente lo que vuelve relevante la ruta que hoy investigan: el rastro comienza en México, pasa por hondureños que tuvieron contacto con estructuras criminales de aquel país y termina en Yoro.

En Yoro es donde el Cartel del Diablo construyó su propio territorio y la investigación intenta establecer cuánto de lo que aprendieron regresó con ellos a Honduras.

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