Una mujer detenida con pequeñas bolsas de droga entre sus pertenencias, otra sorprendida al trasladar paquetes por una carretera y una más capturada durante un allanamiento en una colonia, esas son las escenas de mujeres detenidas por narcotráfico que cambian de lugar, pero se volvieron recurrentes en Honduras.

Detrás de esas fotografías existe una realidad que las 484 mujeres detenidas comienzan a dimensionar: ellas también forman parte del engranaje de las estructuras criminales para mover y distribuir droga.

Tegucigalpa, San Pedro Sula y La Ceiba figuran entre los principales puntos donde las autoridades reportan este tipo de detenciones, aunque los casos se extienden por diferentes departamentos del país.

No todas desempeñan el mismo papel, a algunas las utilizan para transportar droga de un punto a otro.

Otras venden pequeñas cantidades en barrios y colonias y también aparecen mujeres vinculadas con almacenamiento, distribución y tareas logísticas.

Son distintos escalones de una misma cadena.

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Mujeres detenidas por narcotráfico, el rostro más visible de la cadena

Las llamadas “mulas” ocupan uno de los puestos más arriesgados, transportar la mercancía significa exponerse directamente a retenes, operativos policiales, allanamientos y controles fronterizos.

Cuando el cargamento se descubre, quien lo lleva encima es también quien queda inmediatamente frente a las autoridades.

Pero reducir la participación femenina exclusivamente al transporte sería contar solamente una parte de la historia.

Los expedientes relacionados con drogas muestran mujeres desempeñándose también como distribuidoras del microtráfico y colaboradoras dentro de estructuras criminales.

En otros contextos del narcotráfico latinoamericano se documentan funciones relacionadas con logística, procesamiento de drogas y manejo de recursos.

La participación femenina, por tanto, puede recorrer diferentes niveles de la economía ilegal.

Las 484 mujeres detenidas por narcotráfico en el país, muestran precisamente esa presencia dentro de un negocio que necesita muchas manos antes de colocar una dosis en la calle.

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Las capturas de mujeres vinculadas al narcotráfico se registran en distintos puntos de Honduras, donde aparecen desempeñando diversos roles dentro de la cadena de distribución de drogas. Fotos: cortesía.

La mujer que cae no siempre controla el negocio

Hay otra característica que resulta clave para entender este fenómeno: estar cerca de la droga no significa necesariamente ocupar posiciones de poder dentro de la organización.

Investigaciones internacionales advierten que muchas mujeres con procesos judiciales por delitos relacionados con drogas permanecen en los niveles inferiores de estas economías ilícitas.

La Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) estudió cómo las políticas de drogas afectan particularmente a mujeres involucradas en delitos de bajo nivel.

Entre los factores identificados aparecen condiciones de marginación económica y social, responsabilidades familiares, relaciones sentimentales y diferentes formas de violencia.

Eso no significa que cada mujer que se captura en Honduras llegó al narcotráfico por esas circunstancias.

Las motivaciones pueden ser distintas y también existen decisiones individuales, interés económico y participación voluntaria.

Sin embargo, los estudios permiten observar que detrás de una captura puede existir una historia mucho más compleja que la fotografía policial.

Cuando la pareja abre la puerta al delito

La investigadora Corina Giacomello, académica que estudia la relación entre mujeres, encarcelamiento y políticas de drogas, plantea precisamente esa complejidad.

Sus investigaciones advierten que la participación femenina puede producirse dentro de contextos atravesados por desigualdades socioeconómicas y relaciones de género.

Otros estudios internacionales encuentran casos en los cuales las parejas masculinas funcionan como puerta de entrada hacia actividades delictivas de bajo nivel.

La mujer comienza ayudando, transportando, guardando o comercializando, pero una vez dentro, queda expuesta a las mismas consecuencias penales.

Es una explicación que tampoco puede aplicarse automáticamente a cada una de las mujeres detenidas por narcotráfico en Honduras, pero permite comprender algunos de los caminos documentados hacia estas economías ilegales.

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De la carretera al punto de venta

El transporte es apenas una estación, en el microtráfico, la distribución necesita personas capaces de recibir pequeñas cantidades, esconderlas, fraccionarlas y finalmente colocarlas entre consumidores.

Ese último tramo es particularmente visible, ocurre dentro de barrios y colonias donde pandillas y otras estructuras criminales mantienen operaciones de distribución de drogas.

Es allí donde algunas mujeres terminan convirtiéndose en parte del mecanismo cotidiano del negocio.

Mientras los grandes cargamentos pueden recorrer kilómetros ocultos antes de llegar a su destino, el microtráfico necesita presencia permanente en las calles.

Y esa exposición también aumenta las posibilidades de captura.

484 capturas y una estructura detrás

Las 484 detenciones permiten observar solamente a quienes alcanzaron las autoridades.

Cada captura abre otra interrogante investigativa: quién proporcionó la droga, quién debía recibirla, quién financió la operación y hacia dónde iba el dinero.

Porque una mujer transportando paquetes o vendiendo pequeñas dosis puede ser únicamente el punto visible de una cadena mucho más extensa.

El desafío para las autoridades no termina entonces con retirar la droga y colocar las esposas.

Consiste en avanzar desde ese último eslabón hasta quienes abastecen, organizan y obtienen las mayores ganancias del negocio.

Las 484 mujeres detenidas por narcotráfico dejan una fotografía contundente del fenómeno.

Pero detrás de cada una puede haber algo que no aparece en la imagen de la captura: el engranaje criminal que funciona cuando la mujer que cargó, almacenó o distribuyó la droga ya está tras las rejas.

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