Una avioneta aterrizaba en algún punto de Olancho y el cargamento cambiaba de manos. Todavía estaba lejos de México y mucho más lejos de Estados Unidos, pero la cocaína dibujó el camino que debía seguir: atravesar Honduras hasta encontrarse, al otro lado de la frontera, con la red del Cártel de Texis.

Parte de ese camino atravesó Honduras y durante años, investigaciones sobre el Cártel de Texis describieron una ruta que conectó los puntos de ingreso de cocaína en territorio hondureño con la frontera occidental del país.

Posteriormente, llegaron a una red de caminos secundarios en el norte de El Salvador y al otro lado no esperaba el cartel que cualquiera imaginaría.

No había una columna de hombres armados exhibiéndose en las calles ni una organización construyendo su reputación exclusivamente a punta de cadáveres.

El poder atribuido al Cártel de Texis tenía otro rostro: empresarios, propiedades, relaciones políticas, alcaldías y una estructura capaz de moverse entre negocios aparentemente legales y acusaciones de narcotráfico.

Y Honduras era una pieza geográfica demasiado valiosa para ignorarla.

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Cartel de Texis: la cocaína llegaba primero a Honduras

Una extensa investigación publicada por El Faro en 2011 reconstruyó lo que denominó la “Ruta del Norte” o “El Caminito”.

Ese era un corredor que utilizaron para transportar cocaína desde Honduras, atravesar el norte salvadoreño y continuar posteriormente hacia Guatemala.

Según esa investigación, los cargamentos procedentes de Sudamérica llegaron al territorio hondureño por diferentes vías.

Una de ellas era aérea, las avionetas descargaban cocaína en zonas de Olancho y otros puntos remotos.

Otra puerta estaba en el Caribe hondureño, desde donde la mercancía comenzó el recorrido terrestre hacia el occidente del país.

Honduras, por tanto, no aparecía únicamente como vecino de la organización salvadoreña, era el territorio previo.

La cocaína debía recorrerlo antes de encontrarse con la red que operó al otro lado de la frontera.

La ruta

De Olancho hasta Ocotepeque

Después de tocar suelo hondureño comenzó otro problema: sacar aquellos cargamentos de las zonas de recepción y acercarlos a El Salvador sin perderlos en el camino.

Las investigaciones de la época situaron a Ocotepeque como una pieza importante de ese recorrido.

Desde el occidente hondureño, la mercancía se acercó a la frontera salvadoreña utilizando pasos alejados de los controles tradicionales.

El objetivo era alcanzar San Fernando, Chalatenango, un pequeño municipio montañoso situado cerca de Honduras.

Allí ocurría algo fundamental: San Fernando funcionó como uno de los puntos donde operadores hondureños entregaron cargamentos a quienes continuarían transportándolos por territorio salvadoreño.

Era una especie de relevo y la cocaína que entró por Honduras, recorrió parte del país y alcanzó la frontera. Desde ese momento comenzó el tramo salvadoreño de la ruta.

El Caminito

“El Caminito” que conducía hasta Guatemala

San Fernando tampoco era el destino, desde ese sector, los cargamentos seguían por caminos y municipios del norte de El Salvador, pasando por zonas como Dulce Nombre de María y Nueva Concepción.

Esto hasta aproximarse a Metapán, uno de los lugares más importantes dentro de las investigaciones sobre el Cártel de Texis.

Después estaba Guatemala y el resultado era un corredor que permitía conectar tres países sin depender exclusivamente de las grandes carreteras internacionales.

Honduras servía como territorio de recepción y tránsito; el norte salvadoreño como corredor; Guatemala abría la siguiente puerta hacia México.

Y detrás de aquella maquinaria aparecieron nombres que en El Salvador eran conocidos mucho antes de que la palabra “cártel” comenzara a perseguirlos.

Los hombres respetables detrás del Cártel de Texis

“Chepe Diablo”, fue señalado durante años como uno de los principales hombres del Cártel de Texis.

Su perfil rompía con la imagen tradicional del capo, se conoció como empresario hotelero, ganadero y dirigente vinculado al fútbol salvadoreño.

Su nombre circuló en ambientes empresariales mucho antes de quedar asociado públicamente con investigaciones sobre narcotráfico.

Junto a él fueron señalados Juan Umaña Samayoa y Roberto Herrera como figuras fundamentales en el origen y funcionamiento de la estructura.

Umaña Samayoa tenía todavía otro ingrediente: política, fue alcalde de Metapán, precisamente uno de los puntos estratégicos del corredor que conducía hacia Guatemala.

La fortaleza atribuida al grupo estaba allí: sus principales figuras podían desenvolverse dentro de la sociedad legal mientras las investigaciones intentaban determinar qué ocurría debajo de aquella fachada.

bajo perfil

Menos balas, más contactos

El Cártel de Texis tampoco construyó su fama de la misma manera que otras organizaciones criminales de Centroamérica.

Investigaciones de El Faro e InSight Crime describieron una organización que privilegió la corrupción, las relaciones con funcionarios y la influencia sobre instituciones antes que la violencia indiscriminada.

No significaba que operara fuera del mundo criminal, significó que encontró otra manera de proteger el negocio.

Incluso se describió al grupo como una estructura sin una jerarquía absolutamente rígida: diferentes líderes manejaron sus propios colaboradores y cooperaron cuando el negocio lo necesitó.

Era una lógica empresarial aplicada a una mercancía ilegal, el objetivo tampoco era necesariamente someterse a un gran cartel extranjero.

Texis podía prestar servicios a diferentes organizaciones interesadas en hacer avanzar los cargamentos que llegaron desde Sudamérica rumbo al norte.

Pero su valor estuvo en conocer el terreno y en ese mapa, Honduras era indispensable.

El golpe contra “Chepe Diablo”

Durante años, las sospechas alrededor del grupo convivieron con investigaciones que no conseguían derribar a sus figuras principales.

Eso comenzó a cambiar en abril de 2017, cuando autoridades salvadoreñas capturaron a "Chepe Diablo".

La operación se presentó entonces como un duro golpe contra quien señalaron como uno de los principales líderes del Cártel de Texis.

A Juan Umaña Samayoa lo capturaron posteriormente, en 2018, pero la historia judicial no terminó con aquellas detenciones.

En mayo de 2021, una cámara salvadoreña ordenó el sobreseimiento definitivo de "Chepe Diablo", y otros procesados en una causa por lavado de dinero.

La resolución consideró, entre otros aspectos jurídicos, la existencia de cosa juzgada en el caso.

Ese desenlace obliga a separar dos historias: las acusaciones e investigaciones que durante años describieron la estructura del Cártel de Texis y lo que finalmente se sostuvo en determinados procesos ante los tribunales.

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Honduras no era el destino, era el puente

Vista años después, la historia del Cártel de Texis deja una lectura especialmente relevante para Honduras.

La organización no necesitó controlar públicamente una ciudad hondureña ni plantar su bandera en Olancho.

Necesitó algo mucho más práctico: el territorio. La posición de Honduras permitía recibir cargamentos procedentes de Sudamérica, moverlos desde el oriente hacia el occidente y acercarlos a una frontera donde los caminos secundarios ofrecían alternativas a los controles oficiales.

Olancho era una puerta. Ocotepeque, la salida. San Fernando, el relevo. Metapán, otro punto del engranaje. Guatemala, el siguiente tramo.

Así, antes de que la cocaína siguiera buscando México y Estados Unidos, recorría cientos de kilómetros por Centroamérica.

Y en una parte de aquella ruta, Honduras no aparecía al margen del mapa, era el camino que llevaba hasta Texis.

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