Lo que parecía un día cualquiera terminó con sangre, miedo y una cicatriz que no solo cruza su cuello, sino también su vida entera. Un albañil de Saltillo, México fue víctima de un ataque brutal a manos de dos migrantes hondureños que operan en la colonia Panteones.
Esa es una zona conocida por el control territorial de personas con adicciones y antecedentes de violencia.
Todo ocurrió la tarde del lunes 25 de agosto de 2025. El joven, cuya identidad se resguarda por seguridad, caminó hacia la casa de su hermana en la colonia Antonio Cárdenas.
En el trayecto, lo interceptaron dos sujetos que conocía de vista: uno llamado Edgar y el otro apodado “El Hondureño”.
Ambos, según su relato, lo acusaron de comprar droga fuera de su “territorio” y eso ocasionó el ataque.
“Con nosotros compras, o con nadie”, le advirtieron. Él intentó explicar que no buscaba droga, solo llegar a casa de su hermana. Pero las palabras no detuvieron la violencia.
Migrantes atacaron con cuchillo en mano
“El Hondureño” lo sujetó por la espalda. Fue en ese instante que Edgar, sin mediar más palabra, sacó un cuchillo y le cortó el cuello.
La herida alcanzó una vena. El joven comenzó a sangrar profusamente mientras sus agresores escaparon por el Bordo del Ferrocarril, una zona que conocen al detalle.
Aturdido y con la vida deslizándose por su cuello, logró llegar tambaleante a casa de su hermana.
Allí, sus familiares se desesperaron al verlo cubierto de sangre. Llamaron al 911, pero ante la urgencia lo subieron al vehículo de un vecino y lo trasladaron por su cuenta a la clínica 70 del IMSS.
En el hospital, los médicos actuaron de inmediato. Lo estabilizaron y luego lo remitieron a la clínica 1, donde permaneció más de una semana internado.
Durante ese tiempo, su vida pendió de un hilo. Fue dado de alta el 30 de agosto, pero las secuelas persisten.
Aún tiene dificultades para hablar y debe monitorear constantemente la zona de la herida por riesgo de complicaciones.

Una denuncia con rostro y nombres
Días después de su alta, el joven, acompañado de sus familiares, acudió a la Delegación Sureste de la Fiscalía General del Estado (FGE).
Con voz entrecortada, pero firme, denunció a sus agresores por intento de homicidio y detalló el ataque de los migrantes hondureños.
Pidió mayor presencia policial en la calle Bordo del Ferrocarril, que, según su testimonio, la domina un grupo de migrantes hondureños que actúan impunemente.
“Ahí siguen, se burlan de todo, como si nada hubiera pasado”, denunció. Esa denuncia dijo que va también por quienes viven bajo el miedo.
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Saltillo, entre el silencio y el miedo
El ataque generó preocupación en comunidades de Saltillo. Si bien no todos los migrantes cometen delitos, el caso encendió alertas sobre la presencia de grupos violentos.
Y entre ese grupo están los migrantes hondureños que, según la denuncia, controlan espacios urbanos sin mayor intervención.
Mientras las autoridades investigan, el albañil intenta recuperar su vida, su voz y su dignidad.
La cicatriz en su cuello es la prueba de que sobrevivió. Pero la herida más profunda es la de vivir con la incertidumbre de que los responsables aún están libres y caminan por la misma calle donde casi lo matan.
