La puerta no se cerró con llave, se cerró con miedo. Eran casi las nueve cuando Julia decidió que ya no podían quedarse en una colonia de Tegucigalpa. No hubo tiempo para pensar en muebles, ni en ropa, ni en lo que quedaba atrás. Solo tomó a su hija, la miró sin decirle todo lo que pasaba y empezó la huida en Honduras: si se quedaban, algo iba a pasar.

Horas antes, un hombre llegó con un mensaje que no dejó margen de error, no era una advertencia, era una orden.

"La niña ya no puede seguir yendo a la escuela. Tienen que respetar al que manda en la colonia". Y respetar, en ese lenguaje, significa otra cosa, esa noche no hubo despedidas, Julia solo huyó.

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La huida en Honduras: todo empieza con una amenaza

En Honduras, más de 423 mil personas han tenido que abandonar su hogar por la violencia en algún momento de su vida.

No cruzaron fronteras, no pidieron refugio en otro país, solo se movieron dentro del suyo, buscando un lugar donde no los reconozcan, donde no los sigan, donde puedan volver a empezar sin que el miedo toque la puerta otra vez.

A veces la razón es una extorsión que ya no se puede pagar. Otras, una amenaza directa que llega.

En muchos casos, la presión para que un hijo se una a una pandilla y en otros, la violencia contra las mujeres que convierte la casa en el lugar más peligroso.

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Madres que huyen para salvar a sus hijos

El desplazamiento en Honduras tiene rostro de mujer. Más de la mitad de quienes emprendieron la huida son mujeres, muchas de ellas madres que cargan con una decisión que no admite errores: irse antes de que sea demasiado tarde.

Según la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples (EPHPM 2024), las mujeres son las más afectadas por el desplazamiento, al representar el 55% de la población desplazada.

Aunque el fenómeno impacta a todas las edades, las personas entre 15 y 34 años concentran cerca del 38%.

Algunas se van después de semanas de presión, otras, en cuestión de horas. Pero todas tienen algo en común: abandonan su hogar sin saber si algún día podrán volver.

Jóvenes en la mira: huir antes de ser absorbidos

El 11% de las personas afectadas son niñas, niños y adolescentes menores de 14 años, una cifra que revela la profunda vulnerabilidad de la niñez frente al desplazamiento.

Algunos enfrentan directamente riesgos como el reclutamiento forzado por estructuras criminales; otros huyen junto a sus familias, arrastrados por amenazas que recaen sobre sus cuidadores.

El fenómeno, además, no se dispersa al azar: se concentra en zonas urbanas, especialmente en el Distrito Central y San Pedro Sula, donde la violencia y la inseguridad empujan a las familias a abandonar todo para sobrevivir.

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El desplazamiento forzado por la violencia se ha convertido en una crisis humanitaria que afecta a miles de hondureños en todo el país. Foto: cortesía.

Después de huir, la vida no se reconstruye sola

Irse no resuelve todo, pero quienes se desplazan enfrentan dificultades para conseguir trabajo, acceder a servicios de salud o simplemente comer todos los días.

Casi la mitad vive en condiciones de inseguridad alimentaria, y muchos siguen sintiéndose inseguros incluso después de haber huido.

"La inclusión de indicadores que miden el desplazamiento interno en esta encuesta es un avance importante del Estado para comprender mejor la magnitud y la evolución de la problemática”, señaló Kathryn Lo, Representante de ACNUR en Honduras.

La huida en Honduras, no siempre se ve, pero se siente y está en las casas vacías que nadie reclama.

En las familias que llegan sin pasado a nuevos barrios y en los nombres que ya no se pronuncian en ciertas calles.

No son migrantes, no cruzaron fronteras, pero tampoco pudieron quedarse, porque en este país, para miles de personas, hay un momento en el que la vida se reduce a una decisión brutal: dejar la casa… o perderlo todo.

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