El narco ya no solo busca hombres para mover droga, ahora, según una alerta del Observatorio de la Violencia de la UNAH (OV-UNAH), a las mujeres también las reclutan para transportar sustancias ilícitas. Muchas veces las relaciones sentimentales, amenazas o necesidades económicas se convierten en una puerta de entrada al crimen.
La advertencia apunta a una transformación silenciosa dentro de las estructuras criminales.
De acuerdo con la coordinadora del OV-UNAH, Migdonia Ayestas, las mujeres ya no solo aparecen vinculadas a delitos como la trata de personas o el ingreso de drogas a centros penales.
Cada vez más las utilizan como "mulas" dentro de las cadenas del narcotráfico.
Ellas asumen riesgos que pueden terminar en capturas, procesos judiciales y condenas de prisión.
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El narco busca nuevos perfiles para el transporte de drogas
La coordinadora del OV-UNAH, Migdonia Ayestas, explicó que las mujeres ya no solamente aparecen vinculadas a actividades como la trata de personas o el ingreso de drogas a centros penales.
Según la investigadora, existe preocupación porque también las usarían como “mulas” para trasladar sustancias ilícitas dentro de las cadenas de distribución del narcotráfico.
La figura de la mula no es nueva en el mundo criminal, lo que sí llama la atención es el perfil de quienes estarían siendo captadas.
De acuerdo con la alerta, muchas de ellas no pertenecen originalmente a estructuras delictivas.
Son mujeres que terminan involucradas a través de relaciones de pareja, presiones familiares o necesidades económicas.
Para los grupos criminales, incorporar personas sin antecedentes aparentes puede representar una ventaja operativa.
Menos sospechas, menor perfil y mayores posibilidades de mover cargamentos sin levantar alertas.
Mujeres, entre la dependencia y la coerción
Ayestas sostiene que detrás de muchos casos aparecen factores que van más allá del dinero.
A algunas mujeres las convencen sus parejas sentimentales, otras actuarían bajo amenazas o mecanismos de control ejercidos por hombres vinculados a actividades ilícitas.
Migdonia Ayestas señala que esta dinámica responde a patrones de violencia y dominación que empujan a las mujeres hacia actividades criminales.
La dependencia emocional también juega un papel importante y en numerosos casos, el vínculo afectivo se convierte en la puerta de entrada hacia el delito.
Lo que comienza como una muestra de confianza o apoyo a una pareja termina transformándose en una participación directa dentro de una estructura criminal.
Cuando las autoridades intervienen, quienes transportan la droga suelen enfrentar las consecuencias judiciales más inmediatas.

Iriona y el avance de la economía de la coca
Migdonia Ayestas también mencionó a Iriona, en el departamento de Colón, como una de las zonas que genera preocupación por la presencia de cultivos de coca y actividades vinculadas a la producción y comercialización de drogas.
La expansión de la coca representa un cambio en el mapa tradicional del narcotráfico en Honduras.
Ya no se trata únicamente de rutas de tránsito para cargamentos internacionales. También aparecen señales de actividades ligadas a la producción dentro del territorio nacional.
Ese crecimiento amplía la demanda de mano de obra y crea nuevos espacios para el reclutamiento de personas por parte de estructuras criminales.

Del enamoramiento a la prisión
Las organizaciones del narcotráfico demuestran una capacidad constante para adaptarse.
Cuando una ruta se cierra, buscan otra, además, cuando una modalidad deja de funcionar, crean una nueva.
Y cuando necesitan más colaboradores, exploran los espacios donde encuentran menos resistencia.
La advertencia del OV-UNAH apunta precisamente hacia esa transformación silenciosa.
Detrás de algunas historias de mujeres vinculadas al narco podría existir una combinación de amor, manipulación, amenazas y necesidad económica.
Porque mientras los cabecillas del narco permanecen ocultos dentro de las estructuras criminales, quienes cargan la droga suelen ser las primeras en caer.
Y en muchos casos, el viaje que comenzó con una promesa termina con una condena.
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