La crisis por la sequía comienza en una milpa que no produjo, pero no termina allí. Choluteca, El Paraíso, Lempira y Yoro muestran cuatro rostros distintos de un mismo deterioro: hogares que perdieron buena parte del maíz, comunidades con menos agua, jornales que desaparecen y animales de patio que ya no están para vender o llevar a la mesa.
Esa es la radiografía que deja en Honduras la Evaluación Rápida El Niño 2026, elaborada por Oxfam y organizaciones socias entre julio y agosto.
En Honduras se estudiaron 149 comunidades de los cuatro departamentos, con la participación de 1,798 personas y una cobertura estimada de 25,278 hogares.
No se trata de un censo ni de resultados estadísticamente representativos de los departamentos o de todo Honduras.
Las cifras proceden de estimaciones comunitarias obtenidas mediante grupos focales, una precisión que el propio informe coloca como límite para interpretar sus resultados.
Pero al juntar las piezas aparece una fotografía difícil de ignorar: el problema de la sequía ya no cabe únicamente en la pérdida de una cosecha.
De interés: El Cajón enciende una alerta: experto pide guardar agua para 2027
Sequía en Honduras: menos maíz, menos agua y precios más altos
La comparación con Guatemala y El Salvador permite dimensionar el golpe en las comunidades hondureñas evaluadas.
En Honduras, 84% de los hogares con pérdidas de maíz cayó en el rango más severo, entre 75% y 100% de la producción.
En Guatemala la proporción fue de 80.7% y en El Salvador de 64.1%.
La diferencia se ensancha cuando la mirada pasa de la parcela a la llave: 74.6% de los hogares hondureños dependientes de una red domiciliar reportó reducción en el acceso al agua, frente a 42.8% en Guatemala y 25.4% en El Salvador.
Y cuando la cosecha propia desaparece, comprar tampoco resulta sencillo. El monitoreo incorporado en el informe calcula que el quintal de maíz en Honduras pasó de un promedio de 618.09 lempiras en julio-agosto de 2025 a 1,033.42 lempiras en el mismo período de 2026, un incremento de 67.2%.
También aumentaron otros alimentos: los huevos 48.1%, la carne de cerdo 38.1%, la carne de res 35.3% y el arroz 26.2%.
Así, el golpe tiene dos direcciones: hay hogares con menos producción para consumir y, al mismo tiempo, enfrentan un mercado más caro para reemplazar aquello que dejaron de cosechar.

Choluteca: el golpe llega por varios frentes
Dentro de Honduras, Choluteca concentra una de las fotografías más duras. El departamento alcanza 85.83 puntos en el índice construido por Oxfam para priorizar los territorios evaluados, el valor más alto entre los 15 departamentos estudiados en Honduras, Guatemala y El Salvador.
En Choluteca, el 99.96% de los hogares con pérdidas de maíz se ubicó en el rango severo; 64.81% registró reducción severa de jornales y 79.93% reportó pérdidas de aves de corral.
El informe también registra un aumento de 72.29% en el precio del maíz y el agua agrega otra grieta.
Entre los hogares de Choluteca que dependen de la red domiciliar incluidos en la evaluación, 83.1% reportó una reducción del acceso, uno de los porcentajes más elevados encontrados por Oxfam.
Y detrás de los porcentajes aparece la economía cotidiana, en la comunidad El Carrizal, los equipos recogieron que una empresa que empleaba trabajadores temporales redujo las contrataciones.
Las familias, mientras tanto, invirtieron sus reservas en la siembra de primera y la perdieron por la sequía.
No solo desapareció el grano: también se achicó la posibilidad de trabajar para comprarlo.
El Paraíso: la cosecha y el jornal se desploman juntos
La radiografía cambia en El Paraíso, pero no mejora. El departamento aparece segundo en el índice de prioridad del estudio, con 85.20 puntos.
Entre los hogares que reportaron pérdidas de maíz y pudieron clasificarse por severidad, el 100% quedó dentro del rango de pérdida de 75% a 100%.
A ello se suma otro dato: 85.99% registró reducción severa de jornales, el porcentaje más elevado entre los cuatro departamentos hondureños incluidos en la tabla comparativa.
El informe encuentra precisamente una relación entre ambos fenómenos en los territorios estudiados: cuanto más severas son las pérdidas agrícolas, mayor tiende a ser la reducción de oportunidades de trabajo temporal.
La cosecha, entonces, tiene otra función además de llenar la troja: mueve una economía rural que contrata manos para sembrar, limpiar y levantar producción.

Lempira: cuando el golpe llega hasta la mesa
En Lempira, las grietas de la sequía aparecen dentro de la casa y el departamento registra 75.81% de pérdida severa de maíz entre los hogares afectados clasificados, mientras 69.96% reporta pérdidas de aves de corral.
El aumento del precio del maíz alcanza 73.69%. En toda la evaluación regional, 73.1% de los hogares que producían aves reportó pérdidas; el calor extremo y la falta de agua y alimento aparecen entre las causas señaladas.
Pero quizá una de las señales más silenciosas encontradas en Lempira está en la cocina.
Durante el monitoreo de precios se confirmó que las familias reemplazaron el aceite vegetal por manteca de cerdo en algunas comunidades.
Ese cambio es una señal indirecta de una dieta que comienza a simplificarse hacia productos más baratos y de menor calidad nutricional.
La crisis deja así de medirse únicamente en manzanas perdidas: también puede observarse en aquello que desaparece o cambia dentro del plato.
Yoro: menos pérdida de maíz, pero el agua enciende la alerta
Yoro rompe parcialmente el patrón de los otros tres departamentos y su porcentaje de pérdida severa de maíz es considerablemente menor, 29.09%, y la reducción severa de jornales se sitúa en 3.13%.
Sin embargo, 68.41% de los hogares productores considerados en el indicador reportó pérdidas de aves de corral.
El agua vuelve a cambiar la fotografía porque entre los hogares de Yoro dependientes de la red domiciliar incluidos en el levantamiento, 79.9% reportó reducción de acceso.
Así se convierte en el departamento entre los territorios con mayor afectación de este indicador en toda la evaluación.
Es precisamente esa diferencia la que permite entender que no existe una única crisis rural hondureña: un territorio pierde casi toda la cosecha, otro combina la pérdida con falta de empleo, mientras en otro el agua o los animales muestran una vulnerabilidad mayor.
La siguiente cosecha también está bajo presión
La radiografía de Oxfam no termina en aquello que ya se perdió, hay un indicador que mira hacia lo que viene.
En las comunidades estudiadas de los tres países, la intención de sembrar maíz durante la postrera cayó 62% frente al ciclo de primera.
Eso significa que el daño de 2026 amenaza con saltar de una cosecha a la siguiente.
Porque perder el maíz no significa únicamente quedarse sin grano, también significa perder la semilla, gastar los ahorros, quedarse sin jornal, vender los pocos activos disponibles y enfrentar precios más altos justo cuando toca volver a sembrar.
Choluteca, El Paraíso, Lempira y Yoro no muestran exactamente la misma herida en este estudio.
Y quizá allí está el dato más revelador de esta radiografía: las grietas del campo hondureño son distintas, pero comienzan a conectarse entre sí.
Lea también: No esperaron a quedarse sin agua: comunidades se adelantan a la sequía
