Una mujer pasa a formar parte de las estadísticas de mujeres desaparecidas cuando deja de contestar el teléfono, no regresa a casa y su familia comienza a buscarla hasta interponer una denuncia.

Entonces comienza otra carrera: encontrarla, pero cuando se intenta responder una pregunta aparentemente sencilla —¿cuántas mujeres desaparecidas hay en Honduras?— aparece un problema adicional: el país no dispone de un registro nacional consolidado que permita establecerlo con exactitud.

El vacío quedó nuevamente expuesto este 26 de septiembre de 2026, después de conocerse nuevos datos sobre denuncias de desapariciones en Francisco Morazán.

La Dirección Policial de Investigaciones (DPI) reportó que durante 2026 se contabilizan 180 denuncias en ese departamento.

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Mujeres desaparecidas y las cifras que no cuadran

Dunia Palma, portavoz de la DPI, indicó que 90 de los reportes corresponden a mujeres adultas y 112 a menores de edad, estas últimas con edades comprendidas entre los 11 y 18 años.

La suma de ambos grupos da 202, es decir, 22 casos más que las 180 denuncias señaladas inicialmente para Francisco Morazán.

La información publicada no explica la diferencia entre ambas cantidades. Por eso, no es posible establecer a partir de esos datos si corresponden a períodos, categorías o registros distintos.

Tampoco debe interpretarse el número de denuncias como la cantidad de mujeres que actualmente permanecen desaparecidas: una persona reportada puede ser posteriormente localizada.

Pero la dificultad para establecer una cifra va más allá de esa diferencia. Ana Cruz, defensora de derechos de las mujeres, advirtió que los reportes también pueden presentarse en oficinas regionales de instituciones de seguridad en distintos departamentos.

Eso provoca, según explicó, que no exista un registro nacional consolidado capaz de establecer con precisión la dimensión del fenómeno.

Ley Alerta Morada

Una búsqueda fragmentada

La ausencia de una cifra única deja al descubierto un problema que ocurre antes incluso de analizar las causas detrás de cada desaparición.

Si los registros permanecen dispersos entre diferentes dependencias, resulta más difícil construir una fotografía nacional que permita conocer cuántas denuncias se reciben, dónde se concentran y cuántas mujeres siguen pendientes de localización.

La DPI señala que, cuando recibe una denuncia, activa mecanismos para la búsqueda y localización de la persona reportada.

Sin embargo, una estadística nacional consolidada permitiría ir más allá de cada expediente individual y observar patrones.

Por ejemplo, determinar cuáles departamentos acumulan más reportes, qué edades predominan, cuánto tiempo tarda una localización o cuántas mujeres continúan sin aparecer después de semanas o meses.

Y hay un dato de Francisco Morazán que obliga a mirar especialmente hacia las menores de edad.

Son: 112 de los reportes divulgados corresponden a niñas y adolescentes de entre 11 y 18 años.

Una Alerta Morada que sigue en proceso

La necesidad de contar con un mecanismo específico de búsqueda ya llegó al Congreso Nacional.

El 10 de marzo de 2026 se presentó un proyecto de Ley de Alerta Morada para la Búsqueda de las Mujeres Desaparecidas en Honduras, promovido por la diputada Scherly Arriaga.

La iniciativa aparece todavía con estado “en proceso” en la agenda recopilada por la Dirección de Control de Convencionalidad Jurídica de la Secretaría de Derechos Humanos.

Dos meses después, el 12 de mayo, también se presentó otro proyecto relacionado con la Alerta Morada.

Esta vez dirigido a declarar de interés público la búsqueda y localización de niñas, niños y adolescentes desaparecidos. Esa propuesta también figura en proceso.

Es decir, mientras entran denuncias, Honduras todavía discute instrumentos específicos para reforzar y articular las búsquedas.

las cifras

Primero hay que saber cuántas son

Detrás de cada registro existe una familia esperando una llamada, una pista o el regreso de alguien que salió y no volvió.

Pero las cifras conocidas este septiembre muestran otro problema: ni siquiera los datos divulgados sobre Francisco Morazán permiten construir una cuenta sin interrogantes.

La diferencia entre 180 denuncias reportadas y los 202 casos que resultan al sumar adultas y menores necesita una explicación oficial.

Y por encima de esa discrepancia permanece un vacío todavía mayor: Honduras sigue sin una cifra nacional consolidada que permita conocer la dimensión real de las denuncias de mujeres desaparecidas.

Antes de medir cuánto crece el problema, hay una deuda más básica: poder contarlo con precisión.

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