Las desapariciones en Honduras son una herida abierta que no deja de sangrar. Detrás de cada persona ausente hay familias que viven entre la angustia y la incertidumbre, mientras el Estado se muestra incapaz de responder.

Hugo Maldonado, presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos (Codeh), advirtió que este flagelo sigue creciendo porque las instituciones abandonaron su deber de proteger y garantizar justicia.

El ejemplo más reciente ocurrió en la Rivera Hernández de San Pedro Sula, donde tres personas desaparecieron sin dejar rastro.

Al mismo tiempo, persiste la incertidumbre por la embarcación Lucky Lady, que desde hace más de un mes está perdida en el Atlántico con 18 tripulantes a bordo.

Solo entre enero y octubre del año 2024 se reportaron 313 mujeres desaparecidas, según un informe del Centro de Derechos de Mujeres (CDM). 

Datos de la Fiscalía revelan que, entre el 1 de enero y el 30 de abril de 2025, se reportaron 68 personas desaparecidas.

De ese total, el 55 % corresponde a hombres, mientras que el 45 % restante, equivalente a 31 casos son mujeres.

Cada caso refleja la misma realidad: un país que normaliza el silencio y la indiferencia.

Desapariciones sin respuesta

Para el Codeh, la raíz del problema está en la desidia gubernamental. “Las respuestas no deben dárselas a los organismos de derechos humanos, sino a las familias que esperan justicia”, remarcó Maldonado.

Pero lo que predomina es la indiferencia institucional, que condena a los familiares a una búsqueda solitaria y dolorosa.

Las desapariciones no son hechos aislados, advierte el defensor de derechos humanos. Se extendieron por todo el territorio nacional, dejan tras de sí hogares incompletos, comunidades con temor y una sensación de impunidad.

Cuando la angustia se vuelve rutina

En Honduras, las desapariciones se instalaron como una rutina trágica. No se trata únicamente de cifras o reportes.

Se trata de madres que no duermen, hijos que preguntan por sus padres y comunidades enteras que se aferran a la esperanza de encontrar a los suyos con vida.

Cada día sin respuestas es una carga que golpea la salud emocional, social y económica de quienes esperan noticias.

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Piden esfuerzos conjuntos ante desapariciones

El Codeh insiste en que se requiere más que discursos. "Se necesita un esfuerzo conjunto de las instituciones, organismos internacionales y la sociedad civil para enfrentar un fenómeno que ha lacerado al país durante años", dice Maldonado.

Mientras el Estado permanezca indiferente, las desapariciones seguirán multiplicándose y Honduras continuará atrapada entre la angustia y la impunidad.

Las desapariciones son la cara más cruel de la desprotección. Cada nombre ausente es un grito de justicia que no encuentra eco en las instituciones.

Mientras el Estado no actúe con firmeza, las familias seguirán cargando solas con el peso de la incertidumbre, y Honduras se sumirá en una deuda moral que no admite más postergaciones.