El 8 de agosto de 2025, el reloj marcó un poco después de las 5:00 de la tarde, cuando José Antonio Serrato, hondureño de 33 años radicado en Mayan King, Stann Creek, en Belice, realizó labores en su nuevo empleo.

El proyecto de construcción avanzaba con el ritmo habitual, hasta que una maniobra rutinaria se transformó en tragedia.

Serrato, mientras tiró de una correa metálica, no advirtió que su trayectoria lo acercó a un cable aéreo de alta tensión.

En un instante, la correa hizo contacto con la línea de 22,000 voltios, liberando una descarga eléctrica que atravesó su cuerpo y lo dejó gravemente herido.

El hondureño y la descarga

El golpe eléctrico alcanzó directamente sus manos, provocándole quemaduras severas. La descarga también afectó sus pulmones, dejándolo sin aire y en estado crítico.

Un testigo presencial relató que la escena fue estremecedora: “Lo vi caer de inmediato, como si algo invisible lo derribó. Todos corrimos, lo bajamos del edificio y lo llevamos de urgencia al hospital”.

La rapidez de sus compañeros de trabajo permitió que al hondureño lo estabilizaran y trasladaran al Hospital Karl Heusner Memorial, donde permanece bajo atención médica especializada.

La solidaridad cruza fronteras

En Santa Cruz Village, lugar donde radica, la noticia del accidente se propagó como un rayo.

Lejos de la indiferencia, vecinos y amigos se movilizaron para ayudarlo. El próximo 23 de agosto, se realizará una venta de alimentos para recaudar fondos y cubrir los gastos médicos, que superan con creces la capacidad económica de su familia.

Para quienes lo conocen, Serrato es un hombre trabajador, siempre dispuesto a tender la mano.

Hoy, es él quien necesita que muchas manos se unan para ayudarle a superar este difícil capítulo.

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Entre la recuperación y el futuro

Aunque los médicos mantienen una estricta vigilancia sobre su estado de salud, el camino de recuperación será largo y costoso.

Sus heridas en ambas manos podrían dejar secuelas permanentes, y la lesión pulmonar requerirá un tratamiento prolongado.

La descarga de 22,000 voltios no solo puso a prueba su resistencia física, sino también la fortaleza de su entorno comunitario.

El desafío ahora es mantener la esperanza viva, porque en cada gesto de ayuda late la posibilidad de que José Antonio vuelva a ponerse de pie.