Desde el lunes 20 de enero de 2025, una nueva orden ejecutiva paraliza y llena de miedo a la comunidad migrante.
Emitida por el presidente Donald Trump, la medida endurece las políticas de inmigración, limitando el acceso al asilo y priorizando las deportaciones inmediatas.
Para miles de hondureños, la noticia no solo marca una amenaza legal, sino un golpe emocional devastador.
“Tenemos mucho miedo”, confiesa Ángela, una madre hondureña que ha pasado los últimos días escondida con sus dos hijos pequeños en un apartamento en Chicago.
“Cambió mi rutina y los niños no quieren ir ni a la escuela. Estamos siempre pendientes del ruido afuera, del toque en la puerta”.

Vivir en la sombra
Las redadas se han vuelto impredecibles. Ana Rivera, otra migrante hondureña, recibió una llamada de su hermana advirtiéndole que agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) estaban en el vecindario.
“Me dijo que no saliera, que no abriera la puerta. Los vieron tocando puertas y tenían gente arrestada”, relata.
En lugares como Arizona, California y Colorado, las comunidades viven en un estado de alerta constante.
La tecnología se convierte en una herramienta vital para la supervivencia. Aplicaciones encriptadas permiten a los activistas alertar sobre operativos en tiempo real. Sin embargo, estas herramientas no eliminan el miedo.
Solidaridad bajo amenaza
A pesar de la adversidad, las redes de apoyo no han dejado de actuar. Organizaciones como la Casa Dupage en Chicago y la Iglesia Metodista Unida son puntos de luz en medio de la oscuridad. Sin embargo, incluso estos espacios están bajo presión.
Por ejemplo, la Iglesia decidió que ahora las celebraciones religiosas migran a plataformas virtuales, donde los migrantes encuentran un poco de consuelo y comunidad.

La angustia de la incertidumbre
Doris, otra hondureña, se encuentra en Dallas, Texas, esperando una cita en la corte para su proceso de asilo.
“Me faltan tres semanas, pero no puedo dormir. Tengo ansiedad, y cada día siento que la migra puede aparecer antes de que pueda defenderme”.
Los abogados insisten en que los migrantes tienen derechos. Sin embargo, muchos afirman que estos se ven ignorados durante las redadas.
“Ellos no respetan nada. Solo llegan y te detienen”, señala Doris, al borde de las lágrimas.
Mientras los días avanzan, el miedo se convierte en compañero constante. Las familias hondureñas viven entre la resistencia y la resignación, esperando que una luz de esperanza rompa la sombra de la deportación.
La orden de deportación de Trump no solo amenaza con separar familias, sino con borrar sueños y destrozar vidas.
Sin embargo, en medio del dolor, la comunidad migrante sigue luchando. Porque, aunque el miedo tenga nombre, también lo tiene la resistencia: se llama esperanza.
