La decisión de la jueza federal Trina Thompson de frenar la terminación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para ciudadanos de Honduras, Nicaragua y Nepal desató una tormenta política y legal.

Su fallo, desde una Corte en California, lo considera el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) como una desviación grave de los principios legales que rigen la política migratoria de Estados Unidos.

El punto de mayor controversia es la afirmación de la jueza, quien comparó la decisión de suspender el TPS con los horrores de la trata transatlántica de esclavos.

“Estados Unidos tiene un largo historial de transportar personas contra su voluntad a lugares desconocidos”, escribió en su resolución.

La jueza citó lo que llamó “animosidad racial” como motivación detrás de la cancelación del beneficio humanitario.

TPS: lo humanitario y lo permanente

La palabra “temporal” es el eje del debate. Para el DHS, la jueza confundió el propósito del programa con una figura de asilo permanente.

El TPS se creó para ofrecer refugio momentáneo a ciudadanos extranjeros en medio de desastres naturales o conflictos armados, no para convertirse como señalan, en “un sistema de amnistía de facto”.

“Este beneficio se concibió como algo momentáneo”, dijo la subsecretaria Tricia McLaughlin, al insistir que tanto Honduras como Nicaragua avanzaron en su recuperación tras los eventos que justificaron el TPS hace más de dos décadas.

“Es seguro que sus ciudadanos regresen a casa”, agregó.

DHS apunta contra abusos

Más allá del argumento jurídico, el DHS usó la declaración para denunciar lo que considera el uso fraudulento y criminal del TPS.

En una movida inusual, el departamento publicó nombres y delitos de hondureños con historial criminal que, según ellos, abusaron del beneficio humanitario.

TPS y los hondureños
Ángel Ponce, hondureño, condenado por agresión con agravantes y por posesión, venta o fabricación de un arma peligrosa. Foto: DHS.

Según el DHS, estos ejemplos reflejan “cómo delincuentes se escudan en una designación humanitaria para aterrorizar a ciudadanos estadounidenses”.

TPS y los hondureños
José Zelaya Andrades, hondureño, condenado por agresión agravada con un arma letal con intención de matar. Foto: DHS.

Una apelación con mensaje político

El DHS fue directo en su intención de apelar. “Esperamos que un tribunal superior nos dé la razón”, señaló McLaughlin.

La funcionaria dijo que “este es otro ejemplo de cómo jueces descontrolados incitan al racismo para desviar la atención de los hechos”.

La narrativa que adoptó el gobierno de Trump se fortalece de cara a un año electoral decisivo.

Esta acción va más allá de la defensa del marco legal: busca reinstalar la idea de que el sistema migratorio debe revisarse, corregirse y endurecerse.

De interés: ¿Qué inmigrantes siguen con TPS activo y hasta cuándo estará vigente?

Entre líneas: el futuro de miles está en juego

Mientras se alzan discursos y se cruzan acusaciones, el destino de más de 50,000 hondureños amparados por el TPS cuelga de una balanza judicial.

El fallo de la jueza Thompson extendió por ahora, su permanencia legal. Pero la ofensiva del DHS deja claro que la pelea no termina.

El TPS, hoy más que nunca, simboliza una batalla por el futuro de miles de vidas migrantes y por el rumbo que tomará la política migratoria en Estados Unidos.