El General Francisco Morazán nació el 3 de octubre de 1792 y en honor a esa fecha se celebra en Honduras el día del soldado, festejo que es llevado a cabo todos los años en conmemoración al prócer.

El 3 de octubre se convirtió en fecha cívica bajo el decreto número 49 de 1942, cuando el Congreso Nacional de ese entonces estableciera este día como el Día del Soldado Hondureño.

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En 1942 se decidió que el Día del Soldado fuese el 3 de octubre. Foto: Proceso Digital

Este día no es celebrado por la población, sin embargo, las Fuerzas Armadas del país si celebran en esta fecha con menciones honoríficas y con la entrega de algunas medallas a los héroes que protegen a la patria.

Las Fuerzas Armadas se encuentran constituidas por el Alto Mando, Ejército, Fuerza Aérea, Fuerza Naval y Fuerza de Seguridad Pública.

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La institución militar celebra este día con varios actos. Foto: Fuerzas Armadas

Historia del General Francisco Morazán

José Francisco Morazán Quezada fue un militar y político hondureño que gobernó a la República Federal de Centroamérica durante el periodo entre 1827 a 1838.

Dentro de su reconocimiento está haber participado en la batalla de la Trinidad, en la cual resultó ser el vencedor de dicho conflicto.

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La Batalla de la Trinidad aparece en el reverso del billete de 5 lempiras. Foto: Dreamstime.com

En ese entonces, Morazán se había convertido en parte de las Fuerzas Armadas de Honduras, llegando al puesto de General y por eso el título con el que se le conoce hoy en el país.

Al General se le consideraba un visionario, ya que había luchado por Honduras, además de batallar en la consolidación de Centroamérica como una nación grande y poderosa.

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Francisco Morazán fue fusilado en San José, Costa Rica. Foto: Soy de Honduras

Durante su gobierno favoreció la instrucción pública universal, se consumó la separación entre el Estado y la Iglesia, logrando consagrar la igualdad política a la libertada de culto.

Fusilamiento

Francisco Morazán fue fusilado en la plaza central de San José, Costa Rica. Antes de llevarse a cabo el acto de ejecución, Morazán le dictó su testamento a su hijo, Francisco.

En 1848, el gobierno de José María Castro, envió los restos de Morazán a El Salvador, cumpliendo así uno de sus últimos deseos.