Diez disparos rompieron el silencio de la madrugada del 8 de junio de 2026, en la colonia Betania, en Comayagüela. No fue una balacera entre bandas ni un enfrentamiento armado, los tiros cayeron sobre una mujer que caminaba apoyada en muletas.

Esly Michell García Pacheco, de 35 años, quedó tendida boca abajo en un estrecho callejón de tierra que conduce hacia el río Choluteca y el campo de fútbol del sector.

El cuerpo quedó rodeado de casquillos calibre nueve milímetros, como si el pasadizo hubiera sido convertido en un pequeño campo de ejecución.

La escena era brutal, una mujer indefensa, con una amputación antigua en su pierna derecha, fue alcanzada por diez disparos a pocos metros de su vivienda.

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Casquillos, miedo y silencio en el crimen de una mujer

El crimen ocurrió frente a una zona marcada por la tensión entre estructuras criminales.

De un lado, la colonia Betania; del otro, Las Brisas, son dos sectores donde vecinos aseguran que el miedo manda más que la ley.

Agentes policiales asignados a una megaposta cercana llegaron tras recibir una alerta mediante el Sistema Nacional de Emergencia 911.

Acordonaron el callejón mientras personal de Medicina Forense realizaba el levantamiento cadavérico y recogía evidencias.

Pero en la escena faltaba algo clave: cámaras de vigilancia. No había grabaciones privadas que ayudaran a seguir el rastro de los atacantes. Solo casquillos, sangre y un silencio pesado entre los habitantes del sector.

Familiares de Esly Michell llegaron poco después, aunque evitaron hablar. En barrios donde los homicidas caminan las mismas calles que las víctimas, muchas veces el silencio se vuelve una forma de sobrevivir.

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Una impunidad que se repite

Parientes únicamente revelaron que la víctima era soltera, realizaba oficios domésticos y no pertenecía a ninguna estructura criminal.

Sin embargo, eso no evitó que terminara asesinada de manera salvaje. El crimen vuelve a golpear una estadística que en Honduras parece repetirse sin freno.

Organismos defensores de derechos humanos advierten que la impunidad en muertes violentas de mujeres ronda el 95 por ciento. De cada 100 feminicidios, apenas unos pocos llegan a resolverse.

Mientras tanto, las escenas se repiten: callejones acordonados, madres llorando en silencio y expedientes que muchas veces terminan archivados.

escena
Agentes policiales custodiaron la escena del crimen.

Mara Salvatrucha y Barrio 18: territorios atrapados por la violencia

Vecinos de la zona aseguran que en la colonia Betania opera la Mara Salvatrucha (MS-13), mientras que en el extremo de Las Brisas existe presencia de la pandilla 18.

Las disputas por territorio, extorsiones y venta de drogas han convertido varios sectores de Comayagüela en fronteras invisibles donde cualquier movimiento puede costar la vida.

En medio de esa guerra callejera quedó atrapada Esly Michell, una mujer que apenas podía movilizarse sin apoyo de sus muletas.

Las autoridades mantienen abierta la investigación para identificar a los responsables del crimen.

Sin embargo, en colonias donde el miedo se impone sobre las denuncias y las cámaras brillan por su ausencia, resolver un asesinato suele convertirse en otra promesa pendiente.

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