Doña Francisca Gómez, es una hondureña que 'por amor' vivió durante 50 años en una cueva en el departamento de La Paz, en la zona central de Honduras.
En 1965, ella se mudó a una cueva localizada a 6 km del casco urbano de Marcala, en la aldea Chusmuy. "De su pequeño pueblo se mudó a una aislada cueva sin luz, sin absolutamente nada", relata la historia.
¿Por qué decidió vivir en una cueva?
Doña Francisca explica que la razón fue su amor por Máximo Mesa. Cuando ella tenía 25 años, le preguntó dónde vivía y él respondió con pena: "No tengo casa, yo vivo arrimado a una cueva".
Pero el amor superó todas las dificultades y ella respondió: "Bueno, si arreglamos y dejamos bien bonito, este puede ser nuestro dulce hogar". Así comenzó su vida juntos, lejos de lujos, pero muy cerca del corazón.
¿Qué pasó tras la muerte de Máximo?
En 1990, Máximo falleció, dejando sola a doña Francisca. En entrevista para Univisión en 2015, ella confesó: "Es triste llevarse en pareja y que uno se vaya primero y el otro quede luchando con la vida". Su historia se viralizó y llamó la atención del gobierno.
¿Dónde vive actualmente doña Francisca?
En 2016, el gobierno de Juan Orlando Hernández le construyó una casa en la ciudad de Marcala para que dejara la cueva.

Aunque aceptó su nuevo hogar con humildad, admitió: "Las paredes eran firmes, el techo era seguro, pero algo le hacía falta".
Extrañaba "el recuerdo de su esposo Máximo que parecía haberse quedado atrapado entre las piedras y el susurro de la montaña".
¿Sigue visitando la cueva?
Sí, aunque no vive más allí, cada dos días visita la cueva "no por necesidad, sino por amor, para cuidar de sus flores y para sentir por unos instantes que Máximo sigue ahí". Su corazón nunca se fue de ese lugar.
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